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viernes, 28 de febrero de 2020

UN TALLER PARA EL ALMA

Dedico este relato a Laura y a mis compañeros/as de Taller.

Taller de escritura creativa de Laura Santiago Díaz. Librería Luces (Málaga)
Era la primera vez que Raquel acudía a la consulta 19 del pabellón azul. Subió las escaleras con ese pellizco en las costillas que nunca la abandonaba y respiró profundamente, antes de pegar suavemente en la puerta. Entrar y ver la sonrisa de Gustavo, su nuevo psicólogo, fue como tomarse una de aquellas monodosis llamadas ‘rescate’. Aquel profesional formaba parte de un plan interior en forma de objetivo: tenía que aprender a caminar sola y recuperar esa tranquilidad que tanto anhelaba y que perdió tras el divorcio. Raquel tomó asiento y con las manos puestas en el regazo, procedió a contarle lo acontecido. 
⏤ Doctor, hace cinco años que me divorcié y no he logrado levantar cabeza. Siento una angustia constante y una tristeza profunda impregna todo cuanto pienso o hago. He seguido los consejos que me dio el doctor Hernández. Mire usted, trabajo en un supermercado muy cerca de mi casa, voy a clases de zumba y salgo a caminar casi todas las tardes con mis vecinas. Mi casa y mi hijo ocupan el resto de mi tiempo. Cuando creo que estoy mejor, sucede algo que me hace volver a este estado de congoja aguda y de desmotivación por la vida. 
⏤ Dígame qué le ha ocurrido recientemente para pensar que ha ido a peor.
Sus palabras brotaron de su garganta como un vómito:
⏤ Ayer me tropecé con mi exmarido, iba con su nueva pareja. Pasé por su lado y esquivé sus miradas para no tener que saludarlos. No sé si hice bien, pero no pude hacer otra cosa.
⏤ ¿Y cómo te sentiste?
⏤ El corazón se me paralizó, me quedé sin respiración. Y eché a correr hasta llegar a casa.
⏤ ¿Y luego?
⏤ Me tomé un tranquilizante y me metí en la cama. Al día siguiente no tuve fuerzas para levantarme. He ido para atrás otra vez, vuelvo a sentir como una especie de pellizco en las costillas.
El psicólogo se quedó pensativo y anotó algo en su libreta. 
⏤ Raquel, haz tres respiraciones profundas, cierra los ojos y concéntrate. Vamos a ver, ¿qué es lo que pensaste cuando los viste? La idea que cruzó tu cabeza en ese instante. 
La mujer de mediana edad, rostro desangelado y cabellos claros recogidos en una cola baja tardó algo más de medio minuto en encontrar las palabras.
⏤ Pensé que era una desgraciada. Es como perder la partida, sentir que ya no formas parte del juego. Me siento demasiado derrotada como para tomar las riendas y empezar de nuevo. No quiero que me pasen cosas, ni buenas ni malas. Sólo quiero estar tranquila, llevar una vida normal. 
⏤ ¿Me prometes que vas a hacer exactamente lo que te voy a decir, que vas a seguir mis instrucciones?
⏤ Claro, qué remedio. Para eso estamos.
El doctor le tendió una tarjeta con un teléfono.
⏤ Don Gustavo, ¿qué pinto yo en un taller de escritura? Pero si yo no tengo don para escribir, si escribo con un montón de faltas. ¡Qué vergüenza! Esto va a ser aún más denigrante que toparme con mi ex y su amante.
⏤ Raquel, prométeme que irás a un mínimo de cuatro sesiones. Deberás poner todo tu empeño, participar activamente y hacer todo lo que te digan. No vuelvas hasta que hayas consumado esas cuatro sesiones. Después me cuentas.
⏤ Como usted diga, Don Gustavo. Mientras tanto, ¿me va a subir la dosis de las pastillas?
⏤ Siga con la misma posología. Ya le reviso la dosis dentro de un mes. Para entonces, ya habrá terminado el curso.
Raquel hizo caso a su psicólogo y asistió al taller de escritura creativa que impartía una tal Ana María, una encantadora mujer de edad cercana a la suya, cuya forma de hablar transmitía tranquilidad y sosiego. No le apetecía lo más mínimo, iba a asistir porque no tenía más remedio. Lo que nunca imaginó era lo que iba a encontrarse. Nada tenía que ver con lo esperado, si es que alguna vez llegó a imaginar cómo debía ser un taller de escritura. 

El grupo era reducido, unas ocho personas de edades dispares y oficios varios. Juanjo, Nuria, Jesica, Christian, Gorka, Alba y Lucía eran los nombres que ponían rostro a un grupo tan heterogéneo como curioso. Media docena de almas que buscaban la verdad a través de las palabras, los puntos, las comas y las pausas. Un extraño rebaño de espíritus inquietos, incómodos con el mundo, que cultivan el arte creativo de las palabras para trazar mundos paralelos a través de los cuales escapar de la desidia y al mismo tiempo, alimentar su verdadera esencia. Raquel enseguida entendió que todos se tomaban muy en serio su labor y que la mejor forma de mimetizarse era haciendo lo propio. Sus compañeros de taller no iban a juzgarla o prejuzgarla por nada, ellos opinarían tan sólo sobre sus trabajos. 

En su primera clase, Raquel quedó extasiada por la forma de escribir de sus compañeros y por las historias que hilvanaban la mañana del sábado con la impronta palpitante de lo inédito. Un ir y venir de folios y un temblor en la garganta, la enhorabuena de Ana María y un pequeño consejo para mejorar el cuento, poema o relato. Raquel aún no podía creerse que formara parte de esa clase y que estuviese allí oyendo hablar del estilo literario o del tipo de narrador. Decidió dejarse llevar y se sorprendió a sí misma haciendo montones de preguntas, que daban lugar a interesantísimos debates y a opiniones diversas. 
Su primer trabajo fue un extraño poema que escribió allí mismo en clase como parte de una técnica de desbloqueo, que consistía en escribir bajo presión durante cinco minutos sin parar, incorporando las palabras que iba diciendo la profesora. Raquel llegó a olvidarse de donde estaba, su bolígrafo parecía haber cobrado vida y cuando le tocó leer lo que había escrito, no podía creer que aquella concatenación de palabras hubiesen salido de su pluma, neófita en este oficio. Las interjecciones de asombro y los halagos se sucedían. Raquel sentía por primera vez la dicha de fluir con la vida, la de sentirse en una compañía afín y de igual a igual. Ahora era parte de un engranaje hermoso, donde ella misma era una pieza tan valiosa y necesaria como las demás. 

Algunos días, al terminar la clase, se iban a tomar algo por el centro de la ciudad. Una costumbre que Raquel encontró deliciosa y altamente estimulante, ya que era en estas tertulias que ella y sus compañeros abordaban los temas más variopintos, así como los de índole más personal. En un par de semanas, su cuaderno violeta se había llenado de lecturas recomendadas, referencias bibliográficas, títulos de películas, exposiciones artísticas, etc. Otro día Ana María les propuso ir a ver una obra de teatro todos juntos y luego ir a cenar para comentarla, debiendo hacer algún trabajo escrito sobre ella para leerlo la semana siguiente en clase. Raquel, que no había ido en su vida al teatro, no daba crédito al mundo que se abría ante ella. 

Las semanas pasaron y para cuando llegó la última sesión, Raquel estaba tan integrada en el taller, que había olvidado su cita con Gustavo, su psicólogo. Cuando cayó en la cuenta, fue presa de una alegría impaciente y casi infantil, no veía el momento de entrar en la consulta y contarle todas las cosas que le habían pasado. Como prueba de ello, le llevaría sus escritos y le leería alguno. Su cabeza se llenó de versos y de rimas, al tiempo que su espíritu iba llenándose de agradecimiento. Agradecimiento por la vida, por esta nueva oportunidad, por tener a un psicólogo como Gustavo, que había sido el salvoconducto para encontrar a sus amigos del Taller de Ana María, y porque ahora tenía la suerte de poder escribir. Se sorprendió incluso dando gracias a su exmarido y a su amante, que también habían formado parte de esta cadena.

Raquel ya no volvió a sentir un pellizco en las costillas, ni siquiera cuando se cruzaba con gente que la hacía sentir incómoda. Había empezado a construirse por dentro, a apuntalar su autoestima y a nutrir su espíritu con los efluvios de las palabras. Ahora buceaba por mares profundos, donde nada ni nadie podría hacerle daño jamás.
                                                                       ***
Spin-off: para conocer la historia de Gustavo, visite el blog de Juan Manuel Pérez Torres en el siguiente enlace: http://jumapeto.blogspot.com/2020/03/demiurgos-micro-relato.html 

domingo, 23 de febrero de 2020

EL FRACASO MOLA

¿Temes darte un batacazo? ¿Hay mil cosas que harías y no haces por miedo a fracasar? ¿Eres de los que no se lanzan si no ven la cosa muy segura? ¿Has hecho alguna vez tuya la expresión "no me gusta perder ni a las canicas"? Si tu respuesta a todas estas preguntas es "sí", puede que tengas una idea equivocada del éxito y te venga bien saber alguna cosilla acerca del 'fracaso'.


Hay palabras oscuras como las entrañas de la tierra y palabras que brillan en la oscuridad. Palabras que te abren perspectivas y palabras limitantes; palabras que nos empequeñecen y palabras que nos elevan. Palabras que te empujan y palabras paralizantes, palabras que te abren fronteras y palabras creadas para apretar los goznes de la ignorancia y la involución. Pero si hay una terrible, que inmoviliza y que estanca, ésta es sin duda el ‘fracaso’.

Tratamos de no balbucear cuando acude temblorosa a nuestros labios y está siempre ahí, rozando distraídamente nuestras pláticas, pegada a nuestras afirmaciones, juramentos y propósitos. Es un agujero negro que nos sigue a todas partes y olisquea nuestros miedos, nuestra desidia, nuestro abatimiento. 

Pero lo que nadie sabe es que el fracaso forma parte del salto, que fracasar es lo mejor que nos puede pasar. Estrellarse, hundirse en los infiernos, naufragar. El fracaso duerme entre tus apuntes de carrera y entre los párrafos de esa materia infumable, esa matrícula, esa solicitud o ese casting. Te guiña desde las hojas de tu agenda y te hace pedorretas desde cada uno de los días del calendario. Al fracaso le gustan los días tristes porque sabe que siempre sale el sol. El que dijo “para atrás ni para coger impulso” no sabía que el fracaso es justo lo que hay antes del empujón. El fracaso es el hilo con el que está hecha la tela de ese maravilloso vestido que es el éxito. Fracasar es dar un paso cualitativo hacia la meta. Es la recarga necesaria y la descarga suficiente para que tus proyectos tomen la forma adecuada y el camino correcto. Peldaño hacia la sabiduría, es baladí de la paciencia, el que jalona nuestro camino hacia la meta, nuestro mejor maestro, el amigo que nos dice lo que no queremos oír, el antídoto para el que se muere de éxito, la única esperanza para los juguetes rotos. 

Es el éxito lo que está podrido. Éste es necio, pretencioso, aparente, engañoso. Le gusta el postureo, los halagos, los selfies. Opio de los perdedores, se alimenta de elogios, trofeos, medallas, condecoraciones. A menudo es una caja vacía con un bello envoltorio, un espejismo, un supermercado de vidas precocinadas -calentar y servir-, un buen puñado de likes, un coche de alta gama, un traje de firma, un matrimonio de conveniencia, un suculento contrato por exponer tu vida, y por qué no, el alarido patético del que, borracho de laureles, se siente en deber de hacer ostentación de su victoria (¡siuuuuuuuuh!), constantemente amenazada. 

En cambio, el fracaso te vuelve reflexivo, te obliga a hacerte mil preguntas y hace que te lo replantees todo. Te zarandea, te saca de tu zona de confort, del aburrimiento, de la rutina, te pone en peligro, te espabila, te hace aprender de tus propios errores, le da la vuelta a la tortilla y te invita a reinventarte, redescubrirte, reciclarte. Siempre está ahí en los peores momentos, nos pone en órbita y nos coloca el escalón para que subamos, retirándose a tiempo para no quitarnos protagonismo. 

Si crees que has fracasado estrepitosamente, considérate afortunado y disfruta el momento, porque el éxito más rutilante no es capaz de ofrecerte tantas oportunidades como las que tienes ahora. Considérate afortunad@ de poder intentarlo de nuevo, así como de replantearte si realmente merece la pena y es eso lo que quieres. 

Consejillo de bruja: Atrévete con lo que siempre pensaste que no era para ti.

viernes, 14 de febrero de 2020

DECLARACIÓN DE AMOR DESDE UN EDIFICIO EN LLAMAS


S.O.S.
Estoy en la suite nupcial de la planta 15,
esto es el infierno, no puedo respirar,
me he quedado sin voz,
las llamas están detrás de la puerta,
me dispongo a saltar...

El fuego había calcinado ya medio edificio y la estructura amenazaba con derribar pilares y contrafuertes en un estrépito sordo, violento, inmisericorde. Había presenciado otras catástrofes, pero ni la vez en que ardió el monte detrás de su casa era comparable al fragor voraz de un imperativo tan viejo como los tiempos. Tampoco el hormigón armado más duro era capaz de resistir aquellos embistes, aquel clamor, aquella rendición de lo que había sido concebido para ser acogedor, fuerte y resistente. El Hotel Málaga Palacio, buque insignia de la capital del sur de Europa, había sido su lugar de trabajo. Llevar la gestión del personal  desde el departamento de Recursos Humanos había sido su labor durante casi toda una vida. Había escapado de muchas cosas, mas nunca de una llama sobrenatural como aquella, de acero, que se alimentaba de toda suerte de materia, viva o inerte. 

Aturdida por un aire irrespirable, optó por una huida hacia arriba, sin saber si lo que hacía era escapar o adentrarse aún más en las cocinas del averno. Fue consciente de su situación al llegar a una de las últimas estancias de aquel macabro laberinto: estaba encerrada en un fastuoso palacio sin otra compañía que la de un monstruo hambriento. Era una de las mejores suites con vistas al mar de Alborán. En los días despejados, desde la terraza, podían divisarse Ceuta y Melilla, siendo la favorita de los recién casados, que veían la unión del mar con el horizonte como una prolongación de su amor eterno, tranquilo, barajado por olas y rachas de poniente. 

Ahora era ella la que estaba allí, a punto de contraer matrimonio forzoso con la muerte, de dirigirse al olvido con los ojos cerrados, llena de un amor incombustible. Y supo que en la vida no había nada más urgente que amar, que vencer el miedo y saltar sin red. Ella lo haría cuando viniera el monstruo, cuando lo tuviera frente a frente. Sus hijos la buscarían en la lluvia, en el polvo de los muebles y en la barriga de los bebés que no pueden dormir. Su marido se hará mil preguntas y durante un tiempo se sentirá culpable, pero al final rehará su vida. Ella se convertirá en esa mano invisible, ese temblor en la retina, ese abrazo maldito que redime, y se proyectará en el recuerdo como un espectro sepia y acartonado, habitando los marcos en la penumbra de los días sin sol. 

Un trozo de papel y un bolígrafo se hicieron visibles y pensó que alguien le había enviado aquel conducto para hablar directamente con el alma. Esperando al monstruo y su destino, cambió las iniciales de su nombre por signos invertidos y hundió la tinta en aquel trozo de esperanza:

Quiero decirte que te quiero desde el primer momento en que te vi. Que pusiste música a mis días con tus pausas y tus silencios, arrojándome a un volcán enfurecido. Que me crecieron alas por tu culpa y que desde entonces soy un ángel caído que perece en los infiernos. Que tu presencia ha enlentecido mi vida y tu sonrisa ha detenido mi tiempo, que los relojes se paraban cuando estaba contigo y un mar de lava recorría mi cuerpo cuando nuestras voces se fundían en el aire. Que desde que te conozco he vivido en una cárcel de lujuria y de locura y que cuando cierro los ojos me abraso con el tremor de tus caricias. Que adoro tu compañía y la forma en que me dices “hasta luego”, que me vuelven loca tus manías, ese deje tan tuyo cuando hablas y la forma aterciopelada con la que pronuncias mi nombre. Y que aunque este trozo de papel perezca hoy conmigo en la batalla, he querido que este poema imposible sea lo último que me arranque del alma, que esta declaración sea lo último que realice con mis manos, que esta confesión, este nudo secreto que tú y yo formamos, sea lo último que se destruya…

S.M.
              
             

viernes, 31 de enero de 2020

'FEMINISMO' PARA GAÑANES

El feminismo es esa exquisita pieza musical que cuando queremos escuchar, tenemos al vecino taladrando, el de arriba con la música a todo volumen y la calle surcada por sirenas de policía y ambulancias.

¿Eres de los que piensa que el feminismo es como el machismo pero a la inversa? ¿Cuando oyes la palabra se te hielan los testículos y sientes un escalofrío por la espalda? ¿Crees que en España las mujeres no tienen motivos para echarse a la calle a pelear por sus derechos? ¿Eres de los que siempre tienen un ejemplo a mano para insinuar que la ‘brecha salarial’ no existe? ¿Piensas que el feminismo es un movimiento concebido para anular al hombre? Si tu respuesta a casi todas estas preguntas es “sí”, considérate afortunado de encontrarte entre estos renglones, porque estás a punto de leer una explicación acorde con tu mentalidad elemental y costumbrista.

No, no me ha hecho falta verme todas las películas de Manolo Escobar, ni he estado compartiendo chinchón y dominó con abueletes de barrio, ni acudiendo a tentaderos, concursos de escupir aceitunas o catas de jamón. Tampoco he necesitado verme todos los programas de Bertín Osborne de una sentada, ni montarme un edificante debate con quienes cuelgan la bandera anticonstitucional en su ventana. Para encontrar un símil capaz de atravesar la gruesa corteza neandertal propia del varón elemental de ideas recias y pensamiento plano, tan sólo he necesitado un símil, tosco, pero símil al fin y al cabo.

Dicen que no está hecha la miel para la boca del asno, pero como yo pienso que todo el mundo tiene derecho a paladear el más sublime de los manjares, he aquí una explicación didáctica del ‘feminismo’ en consonancia con mentalidades obtusas, cerradas o simplemente desinformadas.

Es hora de arrojar luz sobre un palabro tan actual como controvertido, que forma ya parte de nuestra vida cotidiana. Utilizada por políticos, artistas, influencers, etc. Ya sea porque está de moda, por esnobismo o por ser políticamente correcto, el feminismo es manoseado y manipulado a partes iguales por detractores y adeptos. ¿El resultado? Un batiburrillo de insensateces mezcladas con ideas contradictorias, consignas manidas y topicazos. Siendo todo junto un mejunje de tufillo dudoso y sospechoso, tendente a lo negativo. Es como si nos lo quisieran imponer al tiempo que no tenemos ni idea de lo que significa. El feminismo es esa exquisita pieza musical que cuando queremos escuchar, tenemos al vecino taladrando, el de arriba con la música a todo volumen y la calle surcada por sirenas de policía y ambulancias.

Allá vamos:

Imagínate que eres un albañil y tienes que alisar una pared llena de grietas y agujeros. ¿Qué necesitas? 

Un par de guantes
Un paño
Cubo con agua
Masilla
Espátula
Lija
Pintura
Rulo para pintar

Tras limpiar previamente la pared, el paso siguiente sería, con ayuda de una espátula, proceder al relleno de los agujeros. Para ello necesitaremos una masilla adecuada a la profundidad de los desperfectos, que no se agriete y que no merme con el paso del tiempo. Una vez pasado el tiempo prudencial de secado, procederemos a lijar y pintar nuestra pared.  

Hasta aquí todo perfecto. Ahora imagínate que nuestra sociedad es esa pared y los agujeros y las grietas las desigualdades e injusticias entre hombre y mujer. ¿Cómo habría que arreglarlo? ¿Tirando el muro abajo a lo cascoporro? Nooooo. ¿Poniéndole una pintura bonita para disimular los desperfectos? Nooooo. ¿Habría que picarla entera? Tampocooooo.

Si hasta aquí lo has comprendido, vas bien, gañán.

Aquí es cuando entra en juego el ‘feminismo’: éste sería la ‘masilla’ que rellenaría los agujeros. El muro entero no necesita masilla, sólo los agujeros y las grietas. No es preciso que restriegues la masilla por toda la pared, tampoco es para que te la metas por las orejas o se la atices al que pase. ¡¡¡La masilla es sólo para los agujeros!!! El resto está bien, no hay que tocarlo. Lo que está bien, está bien. Una vez subsanados los agujeros, se lija la pared para eliminar posibles impurezas y para que ésta quede perfectamente igualada. La pintura es el paso último. Ya que pintar sin tapar los agujeros sería de fulleros y tendríamos una chapuza de pared. 

Al igual que la 'masilla', el 'feminismo' está concebido para un fin específico, va a donde se necesita, donde hace falta, donde se requiere, y es bueno para todos. La 'pared' es nuestra 'sociedad' y el 'muro' es el 'mundo'. Si se repara convenientemente, éste lucirá liso, homogéneo y reforzado. 

Hagamos todos de palustre, de buen albañil y ¡¡¡¡pongámonos de una vez manos a la obra!!!!


Notas explicativas:

Pared = la sociedad
Muro = el mundo
Alisar = igualar
Agujeros y grietas = desigualdades, injusticias, discriminación entre hombre y mujer
Masilla = feminismo
Albañil = nosotros
Tirar el muro = cargarnos el sistema
Picar toda la pared = ir en contra del hombre
Lijar y pintar para que no se note = tener una chapuza de sociedad

domingo, 29 de diciembre de 2019

EL CUÑADISMO

Estas fechas nos conminan a reunirnos, a organizar cenas, almuerzos, quedadas, a hacer corrillos y charlar animadamente con el arrojo y la embriaguez de un par de copas. Pero cuando menos te lo esperas, ya te han colado una, son las temidas y eternas ‘frases de cuñao’.
Sí, sí… Todos tenemos ese familiar o amigo de ideas retrógradas. Rancio, opinador y vocero de consignas manidas. El mundo de la política, la economía, el feminismo, el vegetarianismo, los toros… No hay tema que se les resista. He aquí un ranking que hará las delicias de tus cenas de Navidad o comidas de empresa. Cuando las oigas, respira hondo, cuenta hasta diez y di: ¡Feliz Navidad!
1. Soy apolítico.
2. Todos los políticos son iguales.
3. ¿Tú no serás del coleta?
4. No serás tan comunista cuando tienes un Iphone.
5. Si eres comunista, ¡vende el BMW!
6. Jesús Gil dejó Marbella irreconocible.
7. A mí nadie me ha regalado nada, ni la izquierda ni la derecha.
8. Ni de izquierdas ni de derechas, yo soy de centro.
9. Como gane Podemos, nos quedaremos sin papel higiénico en los supermercados.
10. Yo voto a quien me da de comer.
11. Todo el mundo roba en la medida de sus posibilidades.
12. Esto lo solucionaba yo sacando el ejército a la calle.
13. Quieren convertir España en una Venezuela.
14. Aquí tendría que venir otro caudillo, ya verás como se acaban las tonterías.
15. Si de mí dependiera ya tendríamos Gobierno.
16. Esto con Franco no pasaba.
17. Franco hizo muchos hospitales.
18. ¿No queríais democracia? Pues ahí la tenéis!!!
19. En Europa no caben todos los refugiados.
20. Primero están mis hijos y luego los refugiados.
21. Siempre ha habido guerras.
22. Ni feminismo ni machismo, igualdad.
23. Yo no soy machista, si la mujer es lo más bonito que ha hecho dios.
24. Hay que votar al que tiene.
25. Ssssssssh, un respeto al viejo!!!
26. Las feminazis deberían irse a Irán a protestar.
27. Si las mujeres quieren los mismos derechos que los hombres, que se pongan a descargar un camión de cemento.
28. Ponte minifalda en un país árabe a ver si eres capaz.
29. El feminismo en España no tiene sentido, si hay mujeres hasta conduciendo autobuses.
30. ¿Qué derechos no tienen las mujeres?
31. ¿Y las denuncias falsas qué?
32. Los inmigrantes nos quitan el trabajo.
33. Los inmigrantes vienen a España a delinquir.
34. Si tanto te gustan los inmigrantes, mételos en tu casa.
35. Cuidao! Yo no soy racista, que tengo un amigo mexicano.
36. El toro no sufre.
37. La tauromaquia es tradición, arte y cultura.
38. El toro de lidia se extinguiría de no ser por las corridas.
39. Las verduras también sufren.
40. Los empresarios crean puestos de trabajo.
41. Amancio Ortega empezó de cero.
42. Amancio Ortega crea empleo y dona.
43. El que no trabaja es porque no quiere.
44. ¡Qué crisis ni qué crisis, si están todos los bares llenos!
45. ¡Que se vayan a su país!
46. En este país somos unos desagradecidos.
47. ¡Vete a Cuba!
48. Eso lo sabía yo hace una semana.
49. Yo hice uno mejor.
50. A mí eso no me pasa.
51. Tú hazme caso a mí.
52. No me gusta perder ni a las canicas.
53. Déjame a mí partir el melón, que lo vas a destrozar.
54. Quita, que no tienes ni idea.
55. Por el mismo precio se lo digo a un amigo y nos trae gamba fresca y no éstas, que están congeladas.
56. Pues a mi vecino le costó la mitad.
57. Me lo hubieras dicho y te habría llevado a un sitio donde están más buenas y más baratas.
58. ¡Salud y fuerza en la cañadú!
59. El que no apoya, no folla.
60. Lo que sobra se lo llevamos al morito.
En fin, vomitivo...

miércoles, 25 de diciembre de 2019

UNA CÁLIDA NAVIDAD

Cuando llegué estaban poniendo la mesa para cenar. Quise decir Feliz Navidad pero no me salió la voz, imagino que por la emoción. Ellos sí que me felicitaron. Fueron tan cariñosos conmigo, que me daban ganas de llorar y disimulé como pude. Aunque soy bastante mayor, me pusieron con los críos. Tampoco me dejaron coger nada de la mesa, y eso que estaba muerto de hambre. Para mi sorpresa, me habían preparado un refrigerio especial y Pilar, la mujer que me sacó de la perrera, me dejó subir a su cama y dormí calentito toda la noche.

sábado, 14 de diciembre de 2019

CÓMO HACERSE LA TONTA Y NO MORIR EN EL INTENTO


Marilyn Monroe en plena representación del papel de su vida. Arquetipo de 'rubia tonta', engañó a su propio marido y al mundo. Con el paso del tiempo, son muchas las fuentes que hablan de su alto coeficiente intelectual

¿No puedes con la vida? ¿Estás harta de los mamarrachos, de los lerdos y de los sabelotodo? ¿Cansada de que te piten los oídos, te quieran hacer lo blanco negro y te traten como si fueses una niña pequeña? Ya no será necesario que te des cabezazos contra la pared o acudas desesperada a un psicólogo. Hazles creer que te falta un tornillo, que te falta un hervor, que tienes pocas luces… Vamos, que eres tonta de remate. 

 

Hacerse la tonta tiene mucho mérito. De hecho, pocos ejercicios requieren de la contención y capacidad de aguante necesarios como para pasar por una infeliz, una tonta a las tres, una mema. Y es que hacerse la tonta no está al alcance de cualquiera, puesto que pasas a ser el blanco de quienes se creen listos, pero no lo son. La condición sine qua non para formar parte de esta sufrida élite es no ser tonta. A partir de ahí, es cuestión de echarle horas y paciencia.

 

¿Pero, por qué sería bueno o necesario hacerse la tonta, cuando hay tanto imbécil por el mundo? Precisamente por eso, porque corres el riesgo de volverte como ellos. Se trata pues, de supervivencia, de subversión vital. Pocos saben que es un ejercicio encomiable de adaptabilidad, pues pasa por demostrar una gran consideración hacia los que no se la merecen. 

 

Hacerse la tonta no es siempre una elección libre y consciente. Son muchas las que se mueren de viejas convencidas de que son tontas, cuando no lo eran, y muy pocas las que despiertan y toman plena consciencia de esta actitud tan ponderada y sufrida. Hallarse entre estas filas no es fácil, significa que has conseguido reírte del mundo y de ti misma, que a fuerza de aguantar carros y carretas, has encontrado una vía paralela por la que transitar, un salvoconducto que te permite relacionarte con necios, de igual a igual, sin que tu psique se resienta. Hacerse la tonta requiere coraje y de un estoicismo a prueba de sonrisas condescendientes, miradas displicentes y comentarios burlones y capciosos. 

 

Como todo en la vida, tiene ventajas e inconvenientes. Un punto interesante es que los que te toman por tonta tienden a bajar la guardia cuando están contigo (piensan que eres tonta, por tanto, inofensiva). Este aspecto podría ser provechoso, pero es harto fastidioso y triste ver al descubierto las miserias de la gente. 

 

Pero tranquilas, que ésta no es una pose que tenga que adoptarse todo el tiempo: tan solo hay que hacerse la tonta con los que son más tontos que tú. La mala noticia es que hay un buen número de ellos. Una manera de saberlo es a través de la afinidad. No necesitarás hacerte la tonta con aquellas personas con las que tienes una conexión fácil y llana, con las que fluyes sin verte obligada a hacer un esfuerzo adaptativo. Por tanto, el mejor consejo es que aprendas a rodearte cuanto antes de personas afines. Esto hará que no tengas que estar siempre en guardia, buscando ese comentario socialmente aceptado o ese chascarrillo tan manido que mejor se adapte a la mentalidad estándar-normativa de la persona que tienes delante. Sí, te volverás condescendiente, pero siempre será mejor impostarte a la baja, que intentar torpemente hacerles ver que eres lista. 

 

Tendrás que hacer acopio de una gran capacidad de aguante y al mismo tiempo, apuntalar tu autoestima, constantemente arponeada por los que te toman por tonta. A cambio, desarrollarás una gran entereza, lo que te ayudará a reducir el estrés que provoca tratar con este tipo de personas, fortaleciéndote y nutriéndote de aquellos que fluyen contigo y no te cuestionan de manera severa y constante. 

 

Hacerse la tonta eleva tus niveles de consciencia. Como lo oyes. Te convertirás en una santa, ya que al adoptar esta actitud ante la vida, ejercitarás el músculo de la humildad. Ríete de los mártires de la Iglesia, la que elige hacerse la tonta no hace más que apiadarse de aquel que la subestima, que encima es más tonto/a que ella. Se trata pues, de un ejercicio encomiable de contención, altruismo y renuncia, sólo a la altura de los más bienaventurados.

 

He aquí cinco pautas que harán que crean que eres cortita.

 

MANUAL DE SUPERVIVENCIA DE UNA TONTA DE MANUAL

 

1. Sígueles la corriente cuando te suelten una obviedad o te cuenten algo que ya sabías. Utiliza interjecciones de asombro, deja la boca entreabierta, inclina levemente la cabeza y remata con alguna pregunta obvia. Esto último les hará esplayarse, momento que puedes aprovechar para pensar en las musarañas, que dicen que es muy bueno para combatir el estrés.

 

2. Si te dicen que no sabes hacer cualquier cosa, no luches contracorriente, déjate llevar y que sean ellos quienes lo hagan por ti. Si no saben o no lo hacen bien, respira hondo, date media vuelta, haz el pino puente… Cualquier cosa, menos ser tú quien retome la tarea. Que al final es un fiasco, tú disimula; que no, también.

 

3. Si en determinado momento te hacen el vacío, no luches por ganarte su aceptación, más bien todo lo contrario: huye despavorida y acuérdate del refranero nacional: dios los cría y ellos se juntan, mejor sola que mal acompañada, a enemigo que huye, puente de plata.

 

4. Como eres mujer, es muy probable que rompas más de un corazón por el camino. Ya que la mayor parte de los varones, al considerarte tonta, pensarán que eres 'accesible'. ¡Pobres! Esto puede dar lugar a situaciones bastante patéticas, ya que puedes verte pretendida y asediada por gañanes de toda índole y condición. Aunque fastidioso, tiene su lado bueno: dejarlos en la estacada tras darles falsas esperanzas tiene su punto. Nunca te culpes por ello, son ellos los que tienen prejuicios y no tú. Además, una buena ducha fría tiene un montón de propiedades beneficiosas. 

 

5. Si tienes la mala fortuna de tropezarte con un insufrible ganador, de esos que no les gusta perder ni a las canicas, tienes que poner toda tu carne en el asador: conviértete en su vasalla, en su más fiel admiradora. Sí, como lo oyes. En el mundo del surf, esto equivale a meterse debajo de la ola y aunque no te lo creas, podéis llegar a hacer un buen tándem en el mundo de los negocios. No sería de extrañar que grandes emporios hayan prosperado gracias a binomios como éste. Paradójicamente, con este tipo de compañía no tendrás que esmerarte en disimular, pues su convicción respecto de tu condición (tonta) y de la suya (listo) es tan desproporcionada que, aunque tuvieses diez carreras cum laude con matrícula de honor, seguiría pensando que eres una ameba y que quien es un puto triunfador/a es él o ella.

En fin, si después de haber leído este manual te sientes reconfortada, puede que pertenezcas a esta sufrida aristocracia. Si por el contrario, no has entendido nada o te parece una soberana tontería, no te ofusques, habrá sido producto de tu imaginación.



EL BELÉN

  —Abuela, ¿cuándo ponemos el Belén? —Hasta después de la Inmaculada no se pone, es la tradición. —¿Y eso qué es? —¿El qué? —Esa palabra que...