Cuando llegué estaban poniendo la mesa para cenar. Quise decir Feliz Navidad pero no me salió la voz, imagino que por la emoción. Ellos sí que me felicitaron. Fueron tan cariñosos conmigo, que me daban ganas de llorar y disimulé como pude. Aunque soy bastante mayor, me pusieron con los críos. Tampoco me dejaron coger nada de la mesa, y eso que estaba muerto de hambre. Para mi sorpresa, me habían preparado un refrigerio especial y Pilar, la mujer que me sacó de la perrera, me dejó subir a su cama y dormí calentito toda la noche.
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Me encantó cómo le diste un toque más originalidad tan sólo cambiando el punto de vista.
ResponderEliminarAlba Sánchez
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ResponderEliminarAlba Sánchez