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lunes, 6 de abril de 2020

EL CAMBIO


Hay algo sigilosamente hermoso 
en las calles vacías, los negocios cerrados, 
los parques sin niños, las avenidas trémulas.
Una voz de niña acaricia las aceras, 
ondea las cortinas, sacude las ventanas. 
Un quejido antiguo, telúrico, de madre,
una fuente lejana y una lira de hiedra
arrulla el recuerdo y se asoma a las terrazas.
Las palomas nos miran, conocen nuestros miedos
y dejan con sus alas mensajes en el viento,
esperando confiadas el día en que volemos 
como ellas, en bandada, por el azul eterno.
Un aplauso de lluvia hace estallar la tarde,
un barco de esperanza cruza nuestra consciencia
que reza en el idioma tardío de las aves
de una religión nueva que intuye la respuesta. 
Se sienta a nuestro lado, nos mira. 
Ponte cómoda. El viaje ya comienza. 




jueves, 2 de abril de 2020

PRIMPERAN, POR FAVOR!!!




Aunque suelo fijarme en lo bueno de las personas, no puedo evitar, en esta ocasión, hacer una crítica. Y es que ahora, más que nunca, pienso que es necesario denunciar actitudes que, como mínimo, considero fuera de lugar. Resulta que en esta situación tan excepcional y dramática que estamos viviendo a nivel global, todavía hay gente pensando en sus propios intereses y preocupada por “cuándo van a poder pedirse las vacaciones”. Acojonante. Si ya en circunstancias normales, es de un individualismo pueril y miserable estar constantemente criticando a tus compañeros de trabajo porque supuestamente tienen “más suerte que tú”, que lo hagan ahora en estas circunstancias es de una falta de consciencia preocupante.

Culpan siempre a terceros de sus equivocaciones y su falta de autocrítica les lleva a juzgar a los demás en exceso. Andan siempre metidos en el bucle de las envidias y se quejan por todo, pero sobre todo, de la suerte que tienen los demás y de la mala suerte que se supone tienen ellos. 

Los reconocerás por el uso desmesurado del adjetivo posesivo ‘mi’: mi cuadrante, mis vacaciones, mis asuntos propios, mi paga extraordinaria… Mi, mi, mi…  Y por expresiones perentorias y manidas en las que ‘el otro’ es siempre el motivo de su “desgracia”: hay gente a quien se lo ponen todo muy fácil, fulanita ha tenido mucha suerte, siempre se pide los mejores días, a mí siempre me toca lo peor, yo siempre tengo que ser la tonta, etc.

Antes de que se presentase esta fatal pandemia, ya me chirriaban este tipo de conversaciones tan fútiles, sobre todo viniendo de personas que tienen la suerte de tener un trabajo estable y unas condiciones laborales bastante aceptables. Pero oírlas ahora, en estos momentos en los que tenemos EL PAÍS ENTERO PARADO SIN SABER CUÁNDO VAMOS A COBRAR UN PUTO DURO O SI PODREMOS RECUPERAR NUESTROS PRECARIOS TRABAJOS, me hacen ir directamente a por el Primperan, qué queréis que os diga. 

Luego son los primeros en exigirle al Gobierno, pero no para los demás, sino para ellos, oiga. Son los mismos que nos sueltan falacias manidas como: tengo que dar de comer a mi familia, juegan con el pan de mis hijos…  Cuando lo que en realidad les preocupa es si este año los podrán llevar a Disneyland o embarcarse en un pedazo de crucero. 

En fin, indecente y de una falta de conciencia brutal.

Me estoy quedando sin Primperan, espero que haya en la farmacia de mi calle...

lunes, 30 de marzo de 2020

KEEP CALM
AND
STAY
ONE


Me siento orgullosa de vivir en un país que ha decidido confinarse, con las consecuencias económicas que esto supone, para salvar a los más débiles. Si echamos un vistazo al panorama internacional, nos daremos cuenta de que no todos los países y dignatarios han estado ni están a la altura. 

Damos por sentado muchas cosas, pero SACRIFICARNOS POR EL BIEN COMÚN ES ALGO QUE DEBERÍAMOS VALORAR POSITIVAMENTE. Irnos al paro, pasarnos semanas encerrados en casa, cumplir con los estrictos protocolos de higiene y salir puntualmente a nuestros balcones a aplaudir a las ocho de la tarde, me parece de las cosas más hermosas que me ha tocado vivir, lo que me hace seguir teniendo fe en el ser humano.

Esta pandemia ha venido a poner en jaque al INDIVIDUALISMO, a las DESIGUALDADES galopantes, al paraje tóxico y delirante en el que se ha convertido nuestro planeta. Un ambiente enrarecido que se ha visto reflejado en la proliferación y el auge de partidos de ultraderecha en naciones de tradición democrática como España (Vox), EEUU (Trump) o Reino Unido (Johnson), entre otros. Esta pandemia, como todas las crisis, ha venido a zarandearnos, a sacudirnos el ego, a hacer que nos ayudemos los unos a los otros, a que tengamos que tomar decisiones pensando en los demás. También es un jaque a la PREPOTENCIA que exhiben muchos países respecto de otros (el norte con el sur, occidente con oriente…), y de paso darle un respiro al medioambiente, ya que de otra manera jamás se habría producido.

Por primera vez la economía está pasando a un segundo plano y eso no es moco de pavo. Tenemos que procurar entre todos que así sea, que ya que vamos a reconstruir nuestro sistema económico, lo hagamos con el espíritu de unión, gratitud y cooperación que nos empuja a aplaudir en los balcones.

Todos vamos a aprender, todos vamos a crecer, a evolucionar. Mantengamos la calma, abramos la mente, saquemos punta a nuestro ingenio, seamos proactivos, creativos, empáticos, solidarios. Ahora es el momento, este es el camino. Exijamos a nuestros gobiernos políticas más justas e inclusivas, que pasen por responsabilizarnos de quienes viven y padecen fuera de nuestras fronteras. Levantémonos cada día preguntándonos qué podemos hacer para mejorar las vidas de quienes nos rodean, mejorar nuestro entorno, aportar nuestro granito de arena. 


viernes, 27 de marzo de 2020

MI PIJAMA


Mi pijama me dice que hoy no es fiesta, 
que no es ni viernes ni sábado ni domingo, 
que olvidé coger la ropa tendida
y que hoy no sonó la alarma ni ayer tampoco.
Pero mi pijama me dice
que conoce de cerca esta batalla 
de reclusión conmigo y con la vida,
que amortiguó las marcas de otros túneles
igual de largos, lúgubres y angostos
sin dejar de ver nunca la salida. 
Mi pijama es paciente y testarudo, 
le da igual las arrugas y las manchas, 
uniforme de batallas ganadas, 
es un escudo contra las desgracias. 
Con él he caminado sobre ascuas
y por la hiel de noches infinitas, 
ha llorado conmigo mil nostalgias 
sin rehuir lo acre de la herida,
ha muerto y también resucitado
y hoy conoce el secreto de la VIDA

domingo, 15 de marzo de 2020

ANOPHELES

Se trata ésta de una historia de ficción que escribí el año pasado como encargo para el Taller de escritura de Laura Santiago Díaz. El punto de partida era la pregunta "¿qué pasaría si…? Sin darme cuenta, conté una historia muy parecida a la que estamos viviendo ahora y por supuesto, con final feliz.

Sobre estas líneas el mosquito 'Anopheles', protagonista de esta historia, mucho más virulento y letal que nuestro coronavirus

Málaga 14 de Junio de 2022, las 18:30 hora local. La radio daba trallazos desde la cocina un viernes tarde y el júbilo del fin de semana se mezclaba con la efervescencia estival que se respiraba en cada rincón de la casa, invadida por la algarabía y el frenesí de niños y jóvenes que llenaban la calle con sus gritos y juegos. 
Marina escuchó la noticia como el que oye un claxon lejano o la sintonía radiofónica que anuncia las y media. A continuación apagó la radio, cogió las llaves, salió por la puerta y bajó los escalones de dos en dos hasta llegar al portal. Esa mañana había hecho su último examen y tenía la sensación de haberse quitado de encima el año entero. Quería aprovechar cada instante y había quedado con Berta en la esquina de la relojería del barrio para dar un paseo y tomarse un helado, cuando de repente se topó con el padre de su amiga. Éste le dijo que había dejado a Berta en urgencias por una erupción cutánea severa que le había producido vómitos y dolor de cabeza. La inesperada noticia hizo que un escalofrío le recorriese el cuerpo, así que decidió llegarse ella misma al hospital para acompañar a su amiga. En el autobús todo el mundo se hacía eco de la noticia. Una plaga, una epidemia, no se sabía exactamente qué era, pero Marina pronto se dio cuenta de que lo que tenía su amiga era el mismo mal que afectaba a un buen número de personas, pues cientos de pacientes colapsaban los hospitales de su ciudad y tanto médicos como enfermeros se hallaban desbordados.

Al llegar le prohibieron pasar, por lo que se quedó en la sala de espera junto a un buen número de familiares. Éstos, como un gran enjambre, permanecían con la mirada fija en el monitor de la sala que retransmitía una noticia de carácter extraordinario y urgente. Fue en ese momento que Marina supo que tardaría muchísimo en poder volver a ver a su amiga. El mismísimo director del hospital comunicó la noticia. Se trataba de una pandemia causada por un mosquito bastante común que, a través de sus patas, transmitía una serie de substancias radioactivas altamente desestabilizadoras y corrosivas. El pronóstico de una cincuentena de afectados era reservado y el director les aseguró que en cuanto hubiese alguna novedad la volverían a retransmitir por los monitores y que los familiares serían atendidos uno a uno en el pabellón azul a las 20:30.

A Marina le bastó escribir “mosquito” en Google para toparse con el enigmático insecto que copaba la portada de todos los diarios digitales, junto a un decálogo que aconsejaba evitar el contacto con cualquier tipo de insecto, usar repelentes, poner velas de citronela, pulverizar la casa o utilizar ropa protectora.

A la vuelta, el autobús se hallaba prácticamente vacío, el conductor conducía sin detenerse en los semáforos y por la ventanilla veía cómo algunas barriadas tenían las luces apagadas. Al llegar a casa su madre la recibió alarmada, le dijo que se diera un baño y que se pusiese el repelente que había comprado. Esa noche ninguno tuvo ganas de cenar y en la tele todas las cadenas emitían un programa especial en el que no se hablaba más que de Anopheles, el mosquito, el nombre que había oído a lo largo del día y tenía la impresión de conocer de toda la vida. 

Esa noche nadie pudo dormir y en el parte de las 7:00 horas se confirmaba la terrible cifra junto a la más temible de las noticias: el número actual de fallecidos a nivel nacional ascendía a 1.130, en Portugal 850 y en países como México o Estados Unidos superaba ya los 2.000. Salvo un par de islas del Pacífico, no había país que no estuviese afectado y laboratorios de todo el mundo trabajaban sin descanso para detener la plaga y el creciente número de muertos, intuyéndose que la cifra era aún mayor, puesto que en las zonas rurales había cientos de personas sin localizar. Las playas de la Costa del Sol vacías patrulladas por el ejército daban una imagen fantasmal y la gente comenzó a alejarse de focos de infección, como pantanos o lagunas.

Las bajas se sucedían en todos los ámbitos y el Mundial de Fútbol, ya en semifinales, tuvo que ser anulado debido a bajas tan significativas como la de Cristiano Ronaldo, que fue alcanzado por el mosquito cuando paseaba en su  Lamborgini amarillo descapotable. En la televisión, los reporteros de calle comenzaron a llevar ropa protectora, y la misma Ana Rosa Quintana fue alcanzada por uno de estos mosquitos en su propio plató. El reality Gran Hermano suspendió su edición vigésimo segunda debido a la infección de cuatro de sus concursantes y ocho de los colaboradores. Por su parte, el mundo político unió fuerzas y por primera vez en la era de la Democracia los partidos se coordinaron para buscar una pronta solución, derogando las elecciones previstas para septiembre y suprimiendo ipso facto la campaña. Al otro lado del océano, Donald Trump dejó a un lado sus políticas anti inmigratorias, proteccionistas y megalómanas para unir fuerzas con el resto de países, debido al desmedido y ascendente número de bajas en la propia Administración, así como en el ejército, ya que el más mínimo apoyo o colaboración era vital. 

Las guerras desaparecieron, puesto que ya no tenían ningún sentido. Las dos Coreas dejaron a un lado sus rencillas para unir fuerzas, el Daesh dejó de perpetrar atentados y todas las bolsas de valores pasaron de un estado de excepcionalidad a un período de reajuste y reorganización, que pasaba por revisar las prioridades del mercado de valores, adaptando el mundo bursátil a las necesidades del momento y dotando de una mayor eficacia a los instrumentos financieros.

El mundo por primera vez se detenía, vivía al día, al minuto, al momento y absolutamente consciente de cada bocanada de oxígeno que le quedaba. Los días parecían años y cada minuto era de un valor incalculable.  Las novedades, las noticias y los cambios se sucedían de forma vertiginosa debido a la enorme cantidad de cumbres, medidas, acuerdos, protocolos… Este estado de alarma sin precedentes tenía una única prioridad, lograr detener la pandemia, calificada ya por la ONU de apocalíptica, alcanzando el nivel de alerta 10 en casi todos los países. 

Así fue como poco a poco, se creó un nuevo orden mundial caracterizado por un plano más elevado de consciencia, impulsado por un espontáneo y sincero sentimiento de solidaridad, hermandad y unión entre las personas, así como entre los países. Un nuevo orden que trajo consigo un necesario reajuste en la escala de valores y donde el dinero perdía prioridad a favor de la solidaridad, el medioambiente o las condiciones y formas de vida de las personas. 

viernes, 28 de febrero de 2020

UN TALLER PARA EL ALMA

Dedico este relato a Laura y a mis compañeros/as de Taller.

Taller de escritura creativa de Laura Santiago Díaz. Librería Luces (Málaga)
Era la primera vez que Raquel acudía a la consulta 19 del pabellón azul. Subió las escaleras con ese pellizco en las costillas que nunca la abandonaba y respiró profundamente, antes de pegar suavemente en la puerta. Entrar y ver la sonrisa de Gustavo, su nuevo psicólogo, fue como tomarse una de aquellas monodosis llamadas ‘rescate’. Aquel profesional formaba parte de un plan interior en forma de objetivo: tenía que aprender a caminar sola y recuperar esa tranquilidad que tanto anhelaba y que perdió tras el divorcio. Raquel tomó asiento y con las manos puestas en el regazo, procedió a contarle lo acontecido. 
⏤ Doctor, hace cinco años que me divorcié y no he logrado levantar cabeza. Siento una angustia constante y una tristeza profunda impregna todo cuanto pienso o hago. He seguido los consejos que me dio el doctor Hernández. Mire usted, trabajo en un supermercado muy cerca de mi casa, voy a clases de zumba y salgo a caminar casi todas las tardes con mis vecinas. Mi casa y mi hijo ocupan el resto de mi tiempo. Cuando creo que estoy mejor, sucede algo que me hace volver a este estado de congoja aguda y de desmotivación por la vida. 
⏤ Dígame qué le ha ocurrido recientemente para pensar que ha ido a peor.
Sus palabras brotaron de su garganta como un vómito:
⏤ Ayer me tropecé con mi exmarido, iba con su nueva pareja. Pasé por su lado y esquivé sus miradas para no tener que saludarlos. No sé si hice bien, pero no pude hacer otra cosa.
⏤ ¿Y cómo te sentiste?
⏤ El corazón se me paralizó, me quedé sin respiración. Y eché a correr hasta llegar a casa.
⏤ ¿Y luego?
⏤ Me tomé un tranquilizante y me metí en la cama. Al día siguiente no tuve fuerzas para levantarme. He ido para atrás otra vez, vuelvo a sentir como una especie de pellizco en las costillas.
El psicólogo se quedó pensativo y anotó algo en su libreta. 
⏤ Raquel, haz tres respiraciones profundas, cierra los ojos y concéntrate. Vamos a ver, ¿qué es lo que pensaste cuando los viste? La idea que cruzó tu cabeza en ese instante. 
La mujer de mediana edad, rostro desangelado y cabellos claros recogidos en una cola baja tardó algo más de medio minuto en encontrar las palabras.
⏤ Pensé que era una desgraciada. Es como perder la partida, sentir que ya no formas parte del juego. Me siento demasiado derrotada como para tomar las riendas y empezar de nuevo. No quiero que me pasen cosas, ni buenas ni malas. Sólo quiero estar tranquila, llevar una vida normal. 
⏤ ¿Me prometes que vas a hacer exactamente lo que te voy a decir, que vas a seguir mis instrucciones?
⏤ Claro, qué remedio. Para eso estamos.
El doctor le tendió una tarjeta con un teléfono.
⏤ Don Gustavo, ¿qué pinto yo en un taller de escritura? Pero si yo no tengo don para escribir, si escribo con un montón de faltas. ¡Qué vergüenza! Esto va a ser aún más denigrante que toparme con mi ex y su amante.
⏤ Raquel, prométeme que irás a un mínimo de cuatro sesiones. Deberás poner todo tu empeño, participar activamente y hacer todo lo que te digan. No vuelvas hasta que hayas consumado esas cuatro sesiones. Después me cuentas.
⏤ Como usted diga, Don Gustavo. Mientras tanto, ¿me va a subir la dosis de las pastillas?
⏤ Siga con la misma posología. Ya le reviso la dosis dentro de un mes. Para entonces, ya habrá terminado el curso.
Raquel hizo caso a su psicólogo y asistió al taller de escritura creativa que impartía una tal Ana María, una encantadora mujer de edad cercana a la suya, cuya forma de hablar transmitía tranquilidad y sosiego. No le apetecía lo más mínimo, iba a asistir porque no tenía más remedio. Lo que nunca imaginó era lo que iba a encontrarse. Nada tenía que ver con lo esperado, si es que alguna vez llegó a imaginar cómo debía ser un taller de escritura. 

El grupo era reducido, unas ocho personas de edades dispares y oficios varios. Juanjo, Nuria, Jesica, Christian, Gorka, Alba y Lucía eran los nombres que ponían rostro a un grupo tan heterogéneo como curioso. Media docena de almas que buscaban la verdad a través de las palabras, los puntos, las comas y las pausas. Un extraño rebaño de espíritus inquietos, incómodos con el mundo, que cultivan el arte creativo de las palabras para trazar mundos paralelos a través de los cuales escapar de la desidia y al mismo tiempo, alimentar su verdadera esencia. Raquel enseguida entendió que todos se tomaban muy en serio su labor y que la mejor forma de mimetizarse era haciendo lo propio. Sus compañeros de taller no iban a juzgarla o prejuzgarla por nada, ellos opinarían tan sólo sobre sus trabajos. 

En su primera clase, Raquel quedó extasiada por la forma de escribir de sus compañeros y por las historias que hilvanaban la mañana del sábado con la impronta palpitante de lo inédito. Un ir y venir de folios y un temblor en la garganta, la enhorabuena de Ana María y un pequeño consejo para mejorar el cuento, poema o relato. Raquel aún no podía creerse que formara parte de esa clase y que estuviese allí oyendo hablar del estilo literario o del tipo de narrador. Decidió dejarse llevar y se sorprendió a sí misma haciendo montones de preguntas, que daban lugar a interesantísimos debates y a opiniones diversas. 
Su primer trabajo fue un extraño poema que escribió allí mismo en clase como parte de una técnica de desbloqueo, que consistía en escribir bajo presión durante cinco minutos sin parar, incorporando las palabras que iba diciendo la profesora. Raquel llegó a olvidarse de donde estaba, su bolígrafo parecía haber cobrado vida y cuando le tocó leer lo que había escrito, no podía creer que aquella concatenación de palabras hubiesen salido de su pluma, neófita en este oficio. Las interjecciones de asombro y los halagos se sucedían. Raquel sentía por primera vez la dicha de fluir con la vida, la de sentirse en una compañía afín y de igual a igual. Ahora era parte de un engranaje hermoso, donde ella misma era una pieza tan valiosa y necesaria como las demás. 

Algunos días, al terminar la clase, se iban a tomar algo por el centro de la ciudad. Una costumbre que Raquel encontró deliciosa y altamente estimulante, ya que era en estas tertulias que ella y sus compañeros abordaban los temas más variopintos, así como los de índole más personal. En un par de semanas, su cuaderno violeta se había llenado de lecturas recomendadas, referencias bibliográficas, títulos de películas, exposiciones artísticas, etc. Otro día Ana María les propuso ir a ver una obra de teatro todos juntos y luego ir a cenar para comentarla, debiendo hacer algún trabajo escrito sobre ella para leerlo la semana siguiente en clase. Raquel, que no había ido en su vida al teatro, no daba crédito al mundo que se abría ante ella. 

Las semanas pasaron y para cuando llegó la última sesión, Raquel estaba tan integrada en el taller, que había olvidado su cita con Gustavo, su psicólogo. Cuando cayó en la cuenta, fue presa de una alegría impaciente y casi infantil, no veía el momento de entrar en la consulta y contarle todas las cosas que le habían pasado. Como prueba de ello, le llevaría sus escritos y le leería alguno. Su cabeza se llenó de versos y de rimas, al tiempo que su espíritu iba llenándose de agradecimiento. Agradecimiento por la vida, por esta nueva oportunidad, por tener a un psicólogo como Gustavo, que había sido el salvoconducto para encontrar a sus amigos del Taller de Ana María, y porque ahora tenía la suerte de poder escribir. Se sorprendió incluso dando gracias a su exmarido y a su amante, que también habían formado parte de esta cadena.

Raquel ya no volvió a sentir un pellizco en las costillas, ni siquiera cuando se cruzaba con gente que la hacía sentir incómoda. Había empezado a construirse por dentro, a apuntalar su autoestima y a nutrir su espíritu con los efluvios de las palabras. Ahora buceaba por mares profundos, donde nada ni nadie podría hacerle daño jamás.
                                                                       ***
Spin-off: para conocer la historia de Gustavo, visite el blog de Juan Manuel Pérez Torres en el siguiente enlace: http://jumapeto.blogspot.com/2020/03/demiurgos-micro-relato.html 

domingo, 23 de febrero de 2020

EL FRACASO MOLA

¿Temes darte un batacazo? ¿Hay mil cosas que harías y no haces por miedo a fracasar? ¿Eres de los que no se lanzan si no ven la cosa muy segura? ¿Has hecho alguna vez tuya la expresión "no me gusta perder ni a las canicas"? Si tu respuesta a todas estas preguntas es "sí", puede que tengas una idea equivocada del éxito y te venga bien saber alguna cosilla acerca del 'fracaso'.


Hay palabras oscuras como las entrañas de la tierra y palabras que brillan en la oscuridad. Palabras que te abren perspectivas y palabras limitantes; palabras que nos empequeñecen y palabras que nos elevan. Palabras que te empujan y palabras paralizantes, palabras que te abren fronteras y palabras creadas para apretar los goznes de la ignorancia y la involución. Pero si hay una terrible, que inmoviliza y que estanca, ésta es sin duda el ‘fracaso’.

Tratamos de no balbucear cuando acude temblorosa a nuestros labios y está siempre ahí, rozando distraídamente nuestras pláticas, pegada a nuestras afirmaciones, juramentos y propósitos. Es un agujero negro que nos sigue a todas partes y olisquea nuestros miedos, nuestra desidia, nuestro abatimiento. 

Pero lo que nadie sabe es que el fracaso forma parte del salto, que fracasar es lo mejor que nos puede pasar. Estrellarse, hundirse en los infiernos, naufragar. El fracaso duerme entre tus apuntes de carrera y entre los párrafos de esa materia infumable, esa matrícula, esa solicitud o ese casting. Te guiña desde las hojas de tu agenda y te hace pedorretas desde cada uno de los días del calendario. Al fracaso le gustan los días tristes porque sabe que siempre sale el sol. El que dijo “para atrás ni para coger impulso” no sabía que el fracaso es justo lo que hay antes del empujón. El fracaso es el hilo con el que está hecha la tela de ese maravilloso vestido que es el éxito. Fracasar es dar un paso cualitativo hacia la meta. Es la recarga necesaria y la descarga suficiente para que tus proyectos tomen la forma adecuada y el camino correcto. Peldaño hacia la sabiduría, es baladí de la paciencia, el que jalona nuestro camino hacia la meta, nuestro mejor maestro, el amigo que nos dice lo que no queremos oír, el antídoto para el que se muere de éxito, la única esperanza para los juguetes rotos. 

Es el éxito lo que está podrido. Éste es necio, pretencioso, aparente, engañoso. Le gusta el postureo, los halagos, los selfies. Opio de los perdedores, se alimenta de elogios, trofeos, medallas, condecoraciones. A menudo es una caja vacía con un bello envoltorio, un espejismo, un supermercado de vidas precocinadas -calentar y servir-, un buen puñado de likes, un coche de alta gama, un traje de firma, un matrimonio de conveniencia, un suculento contrato por exponer tu vida, y por qué no, el alarido patético del que, borracho de laureles, se siente en deber de hacer ostentación de su victoria (¡siuuuuuuuuh!), constantemente amenazada. 

En cambio, el fracaso te vuelve reflexivo, te obliga a hacerte mil preguntas y hace que te lo replantees todo. Te zarandea, te saca de tu zona de confort, del aburrimiento, de la rutina, te pone en peligro, te espabila, te hace aprender de tus propios errores, le da la vuelta a la tortilla y te invita a reinventarte, redescubrirte, reciclarte. Siempre está ahí en los peores momentos, nos pone en órbita y nos coloca el escalón para que subamos, retirándose a tiempo para no quitarnos protagonismo. 

Si crees que has fracasado estrepitosamente, considérate afortunado y disfruta el momento, porque el éxito más rutilante no es capaz de ofrecerte tantas oportunidades como las que tienes ahora. Considérate afortunad@ de poder intentarlo de nuevo, así como de replantearte si realmente merece la pena y es eso lo que quieres. 

Consejillo de bruja: Atrévete con lo que siempre pensaste que no era para ti.

EL BELÉN

  —Abuela, ¿cuándo ponemos el Belén? —Hasta después de la Inmaculada no se pone, es la tradición. —¿Y eso qué es? —¿El qué? —Esa palabra que...