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miércoles, 6 de febrero de 2019

MUSIC BOX

Sofía tenía claro que la tristeza tenía forma de bailarina. Menuda y con la cintura arqueada, se quebraba al girar sobre sí misma envuelta en un bosque de espejos biselados que devolvían una y otra vez la imagen decadente de su rostro y la trágica curva de su cuerpo. Su melodía campanil le paralizaba el corazón y los silencios intermitentes parecían traspasar el umbral de lo terrenal, desafiando la gravedad y el tiempo. Sabía describir la órbita que dejan las estrellas fugaces en el cielo y en su mirada dormían la templanza de mil desiertos y el rugido de cien leones. Sofía siempre supo que su vida sería como la de la bailarina que vivía en la cajita de música. Que debía aprender a bailar sin salirse nunca del círculo, a contener los suspiros, a clavar sus pupilas en el infinito y a silenciar sus lágrimas. Al fin y al cabo era una privilegiada, una perla entre un millón adiestrada, miniaturizada y maniatada a un palacio de espejos infinitos... Ese día Sofía no dio cuerda a su cajita. Se saltó el instituto y no fue a clase de equitación, tampoco acudió al Conservatorio ni por la tarde a la parroquia a preparar su Confirmación. Eran más de las doce y su madre ya estaba a punto de llamar a la policía, cuando apareció por la puerta. Ésta le preguntó alarmada que dónde había estado y al tomar el rostro de su hija entre las manos, vio que llevaba un puntiagudo piercing de acero en la nariz.

viernes, 1 de febrero de 2019

LOS REPTILES DEL PODER

Dedico esta entrada a la periodista y poeta malagueña Laura Santiago Díaz porque sé que le encantará el símil y el verso final.
Sobre estas líneas un alma sensible, Miguel Hernández, el gran poeta universal de la libertad y la justicia, cabrero de profesión.

El español es como el buen toro de Lidia que tras ser banderilleado, capoteado y humillado, espera dócil la estocada certera... 


Deberían retirarse los cobardes, los que han hecho algo de lo que avergonzarse, los que han robado y les han pillado con las manos en el botín. Los necios de corazón y de espíritu, los que han calumniado y mentido hasta olvidarse del verdadero fin de la política. Los que medraron con el más absoluto de los descaros y se creyeron intocables, tocados por gracia divina, la abundancia, los privilegios y la adulación desmedida de un pueblo que aún no es capaz de reconocerse en el espejo, que se arrodilla aún en los altares haciendo como que reza, se presigna y dice "amén" por si acaso. Un pueblo supersticioso, desconfiado, con un exacerbado sentido del ridículo. Una prole de bribones que miran por encima del hombro a su propio hermano porque no ha conseguido lo que tienen ellos. Apoyos, favores, confidencialidad y esa llamada en el momento oportuno, un sobre por debajo de la mesa y una estratégica jornada de caza mayor, que jalonará sus coartadas a base de lamerle el culo a ese alto cargo, que supo ver en él un digno mercenario del sistema. Un sistema que se cuadra ante el olor a dinero, la bandera y una buena faena en Las Ventas, mientras resuenan los compases de "El novio de la muerte". Haciendo gala de una pasmosa insolidaridad que proclaman de manera grotesca con una mano en la Biblia y la otra en el volante del Jaguar. Un obstinado rechazo y blindaje ante los que más lo necesitan, aquellos que sólo buscan desesperadamente un refugio, un hogar para sus hijos, el crepitar de un fuego amigo, el calor humano y universal.

Deberían retirarse los cazadores de másteres y fulgurantes carreras universitarias para expiar de una vez sus interminables listas de corrupción y de estupideces, defendidos torpemente por toda suerte de tipejos de discurso falaz y lengua ligera, acólitos que venderían a su madre por seguir sosteniéndole la silla a las comadrejas del poder, infelices comprados con tarjetas ilícitas, viajes, cajas de vino, bolsos de Carolina Herrera... Almas arponeadas por la usura y una avaricia endémica, haciendo la vista gorda ante las recalificaciones urbanísticas y las irregularidades de la Corona, al tiempo que hinchan presupuestos y auspician proyectos megalómanos con el dinero que ya no queda.


Deberían retirarse por justicia social, por vergüenza y por el bochorno y la indignación que nos han hecho sentir a todos el saber que hemos sido saqueados al tiempo que recortaban nuestras condiciones de vida y nuestros derechos.


Deberían retirarse éstos y no otros, porque ¡¡¡estamos utilizando incorrectamente la vara de medir y NOS ESTAMOS QUEDANDO CON LO PEORCITO!!! Es la ley de "aguanta y vencerás" de una clase política envilecida, cínica y artera que lejos de desgastarse, es capaz de aguantar carros y carretas, pactar con el diablo, camaleonizarse, decir donde dije digo digo Diego y en definitiva, hacer cualquier cosa con tal de estar en el poder, porque saben que es la única manera de detentarlo. Saben que los otros son más "débiles" y que tarde o temprano terminarán tirando la toalla, hastiados de tanta infamia, quemados y decepcionados de tanta injusticia. EL MUNDO DE LA POLÍTICA NO ESTÁ HECHO PARA LAS ALMAS SENSIBLES, reflexivas y compasivas, de ahí que escaseen y los pocos que llegan no consigan significativos resultados (mirad el ejemplo de Alberto Garzón, a todos nos gusta, ¿pero quién le vota?). A los reptilianos en cambio, se les da muy bien el medio porque les da igual todo y todos, están vacíos, no tienen alma ni inquietudes más allá del poder, la posición, el dinero... Ni sienten ni padecen (salvo por ellos mismos, claro). Son individuos estériles sin oficio ni beneficio adiestrados en el arte de la oratoria falaz, astuta, engañosa, en medrar, codearse, encandilar y embaucar al ciudadano de a pie, a ese que vive en 'modo hámster', ese que saben siempre acudirá a las urnas porque está debidamente programado como buen esclavo del sistema.

Deberían retirarse los reptiles de la falacia, los malabaristas de humo, los prestidigitadores del miedo, un miedo que nada tiene de ancestral, un miedo infundado, falaz, hábilmente creado para azuzar a las masas aturdidas, esas que sólo levantan la cabeza con un par de banderillas. Ahí las ven venir y reaccionan cual encabronado morlaco, respondiendo dóciles al quite del capote y la muleta. Verónicas, chicuelinas y de vez en cuando una portagayola... Y he aquí que se me vienen una y otra vez la fuerza expresiva de los premonitorios versos de uno de los poemas más emblemáticos de Miguel Hernández: "...como el toro burlado, como el toro".

jueves, 10 de enero de 2019

TUS BRAZOS Y LOS MÍOS

Busca a tu complementario, que marcha siempre contigo y suele ser tu contrario. 
A. Machado


A Manuel

Tus brazos y los míos
enlazan dos imperios:
el país de mi alma
y la isla de tu cuerpo.

Tus brazos y los míos
navegan en silencio
por mares tan profundos,
por mares tan inmensos...

Tus brazos y los míos
lucharon sin desuello
por engarzar riberas,
colinas y senderos...

Tus brazos y los míos
viajaron en el tiempo
para  encontrar la esencia
sutil del universo.

Tus brazos y los míos
se enlazan sin saberlo
por ese laberinto
tortuoso que es el tiempo.

Tus brazos y los míos
buscaron nuestros cuerpos
para fundir dos vidas,
dos sueños, dos misterios.



SM


jueves, 3 de enero de 2019

MI AMIGA MANME

Dedico este relato a mi amiga de la infancia Manme, de Parque Virginia


Tenía diez años cuando nos mudamos a Parque Virginia, una urbanización con columpios, que olía a dama de noche y césped recién cortado. Era esa época mágica en la que nos bajábamos a la calle y nos lo pasábamos bomba jugando al elástico, al mate, al escondite, al pilla pilla, al guiso. En nada de tiempo, ya éramos una gran pandilla. Manme, un año mayor que yo, ejercía de hermana mayor de todas y de auténtica líder. Era la primera de su clase, sacaba todo sobresaliente y los profesores sentían adoración por ella, al igual que mi madre y las madres de mis amigas, ya que era encantadora y educada con los mayores. Resuelta, extrovertida y súper talentosa, sabía tocar el piano y su rasgo más característico eran sus ojos azules, que ella contaba había heredado de su bisabuela. Lucía una rubia melena, que solía recoger en una coleta, era menuda y se desenvolvía con gracia y seguridad. Yo, paradigma de impopularidad, pava, paliducha y con gafas culovaso, no podía creer que tal prodigio de criatura me hubiese escogido a mí, de entre todas las chicas, como mejor amiga y confidente. Por lo que estaba dispuesta a morir por ella y seguirla hasta los confines de la tierra.

Durante un tiempo fuimos inseparables. A menudo se nos hacía de noche subidas en el columpio más alto del parque, charlando de nuestras cosas. Juntas descubrimos a Michael Jackson, del que Manme me contaba todo tipo de detalles, como que era vegetariano, que tenía un mono que se llamaba Bubbles o que su bebida favorita era el zumo de piña. ¡Cómo podía saber tantas cosas! Me encantaba ir a su casa, pero iba poco para no ponerme pesada. Recuerdo que las habitaciones tenían luces graduables y yo siempre le pedía que me las encendiese. Podrá parecer una tontería, pero en los ochenta, la palabra 'domótica' sonaba a película de Spilberg. Me tocaba siempre un pequeño órgano, que tenía conectado a dos diminutos altavoces y que sonaba genial. Tenía mi amiga Manme el primer vídeo de la urbanización (un vídeo 2000) y en él veíamos Thriller una y otra vez, cuya coreografía reproducíamos después, en medio de la calle. ¡Qué vergüenza! Fue también en su casa que vimos Los Goonies y Los Gremlins, hitos cinematográficos del momento. 

Éramos compañeras de elástico, de escondite y también de baile. Me enseñó a bailar Sevillanas y me convenció para que me apuntara a  la academia, que estaba en la Alegría de la Huerta. Así fue cómo nos convertimos en la "mejor pareja de baile" por designación de la profe.  Teníamos el récord de tiempo en "pino sin pared" y la mejor puntuación en "patinaje artístico sobre ruedas". Patinábamos alrededor de la urbanización agarradas de la mano y dábamos la media vuelta terminando con los pies en cruz. Otra de nuestras proezas era soltarnos de manos en la bici mientras nos hacíamos la coleta. Pero de lo que estábamos más orgullosas era de pasarnos de un extremo al otro del columpio-balancín, sin tocar el suelo (ahora pienso que porque a nadie se le había ocurrido algo parecido). 

Un verano, su madre, que cosía como los ángeles, nos hizo unos conjuntitos monísimos y súper originales de pantalón tipo pañal, y hubo gente que creyó que éramos hermanas. Fue de la mano de mi amiga Manme que descubrí el Bibliobús, donde nos alquilábamos los libros de 'El Club de los Cinco' o 'Los Gemelos Bobbsey', fantaseando con que algún día nos leeríamos uno de la parte de adultos, como aquel tomo tan grueso llamado 'Guerra y Paz' o cualquiera de la sección de Filosofía. Recuerdo la embriaguez y la alegría que sentía los viernes por la tarde cuando salía del colegio y ella me decía "hoy toca Bibliobús, no te olvides el carné" y la ola de júbilo que sentía cada vez que oía su voz en mi electrónico. 

Pero el rito iniciático más importante llegaría un verano en forma de propuesta, y es que, como al año siguiente yo entraba a sexto de EGB e iba a dar inglés por primera vez, ella, que me llevaba un año de adelanto, se ofreció a darme clases preliminares, para que así fuese más preparada. Como no podía ser de otra manera, le dije que sí. Nunca olvidaré mi primera clase de Inglés. Me enseñó los pronombres personales, el verbo "to be" y los demostrativos. This is Philip, he is tall; this is Tom, he is short fueron las primeras frases que aprendí. Es tan sencillo y parecido al español, pensé. Luego me dejó el libro, cuyos diálogos me aprendí de memoria ese mismo verano. Además, éste disponía de ejercicios muy fáciles, que yo hacía sin problema y que me ayudaban fijar lo aprendido. 

Aquellas clases fueron de un valor incalculable. Consiguió, con tan sólo trece años, sin ser nativa y en tan sólo dos sesiones, lo que hoy en día un alumno en varios años de academia. Pero lo más importante es que consiguió que me gustase el inglés, entrando con buen pie en un idioma  que no había visto en mi vida. El resto corrió de mi cuenta.

Pero como todo lo bello es extraordinariamente frágil, nuestra infancia, nuestra amistad y los días en que nos bajábamos a la calle se fueron para siempre. 

Valga este pequeño homenaje a la amistad y al buen maestro/a, que es el guía que más te aconseja y menos te enseña.

viernes, 21 de diciembre de 2018

¡FELIZ RANCIONAVIDAD!

Foto de la Navidad 2015
Ya estamos en plena debacle navideña y mientras aún están dando coletazos las cenas de empresa, nos disponemos a subirnos al tren de las festividades. Unas fechas en las que sacamos del baúl no sólo el espumillón, el árbol y el Belén, sino también esas muletillas de siempre, que llevaremos en ristre y utilizaremos hasta bien entrado el mes de enero. Expresiones aparentemente anodinas, que lejos de ser vacuas, encierran la idiosincrasia y el costumbrismo de un pueblo que engalana sus calles, sus casas y sus mesas con el secreto frenesí de que dicho ritual atávico nos sirva de conjuro para que el nuevo año sea mejor. He aquí un ranking de expresiones que no pueden faltar en Navidad, estoy segura de que las has escuchado y dicho cientos de veces...

1. "Felices Fiestas por si no nos vemos".

Esta fórmula de despedida que decimos todos, ahí donde la veis, guarda un reverso tenebroso y es que por dentro estamos pensando "a ver si es verdad que no lo veo en todas las fiestas". También es la 'frase rescate' que pone el broche de oro a esas despedidas eternas en medio de la calle con las llaves del coche en mano y la otra en el cuello apretándote la bufanda a cinco grados temperatura ambiente.

2. "Hoy no tengo la casa muy limpia".

Es cinismo puro, se la decimos a las visitas nada más entrar por la puerta después de haber estado todo el día hecha una cenicienta, limpiado con ahínco lo que no se ve y dando cera a las manzanas del frutero, abrillantando los pomos de las puertas y sacando lustre a los rodapiés del rellano, por si acaso. La repetimos de forma lastimera cuando nuestro invitado entra en el cuarto a dejar el abrigo, cuando va al aseo, a la terraza, a la cocina... Yo reconozco que la utilizo todo el año, porque sí, me han educado en la idea de que el que entra en tu casa lleva el algodón del mayordomo del Tenn y lo va a pasar por la taza del wáter, el último estante de la librería y por supuesto, por cada uno de los medallones de la lámpara de cristal del salón. ¡Qué de daño que han hecho algunos anuncios y qué cabrón que era el mayordomo!

3. "Mañana a estas horas lo mismo somos millonarios". 

¡Que nos gusta decirla! es oírla y verlo todo de color de rosa o más bien debería decir morado, el color de los billetacos de quinientos. Y qué desgraciaos que somos... Mira que sabemos que lo único que nos va a tocar va a ser fregar la vajilla y limpiar la casa tras el aquelarre navideño. Pues nada, no hay español que no se haga con un decimito, se lo restriegue por la cabeza a San Cucufato y diga en algún momento esta esperanzadora frase, recreando la escena de los afortunados premiados a pie de calle agitando con brío una botella de champán. Imágenes que vemos todos los años y sacan lo mejor de nosotros, ya que nos alegramos por los demás. Pero sobre todo, de que no le haya tocado a tu cuñado. "Por lo menos tenemos salud que es lo importante" o "siempre nos quedará El Niño" son los premios de consolación, antes de ser engullidos de nuevo por la vorágine de los Reyes y los regalos y de ser pisoteados por la cabalgata y bombardeados por cientos de caramelos.

4. "¡Nos vemos el año que viene!"

Es rancia pero yo no me resisto a decirla año tras año. Porque hay que reconocer que tiene algo de vertiginoso y de apocalíptico saber que no vuelves a ver a tu vecino de enfrente hasta el año siguiente. Reconozcámoslo, es lo más cerca que vamos a estar de viajar en la máquina del tiempo. 

5. "¡Que tengas una buena salida y entrada de año!"

También está en versión corta, ya que si entras, se supone que has salido. Creo que no la he utilizado aún, es relativamente nueva y la primera vez que la oí me hizo mucha gracia. Bah, qué importa que el nuevo año sea un truño, si lo verdaderamente importante es cómo entras y cómo sales de éste.

martes, 18 de diciembre de 2018

¡Y UN JAMÓN!

Imágenes del documental "El secreto de El Pozo" de La Sexta en las que se ven a cerdos agonizando con úlceras y malformaciones y el periodista Jordie Évole presenciando la escena con una mascarilla

Se acercan las Navidades y como cada año, nos lanzamos a la caza de los manjares y exquisiteces que harán las delicias de nuestras mesas. Fechas en las que echamos el resto buscando esos alimentos que no comemos el resto del año o que consideramos de consumo esporádico debido a su alto precio. Las gambas o los dulces navideños son incondicionales de nuestro banquete, pero si hay un alimento estrella, ese es EL JAMÓN. Mantra donde los haya, se ha convertido en esa llave que te abre todas las puertas. Serrano o ibérico, paletilla o pata negra, no hay cesta navideña que no cuente con él en su repertorio (va siempre a modo de trofeo); no hay casa a donde vayas que no te lo ofrezcan (les falta abrirte la boca con las dos manos y metértelo a la fuerza); ni convite que no cuente con más de una bandeja. Y digo yo: ¿habrá alimento más insípido y desagradable?

Estoy convencida de que EL JAMÓN REALMENTE NO GUSTA, puesto que es salado, grasiento, pringoso, aparatoso, difícil de cortar... No nos engañemos, no es más que carne muerta y cruda, una abominación, el despropósito de cebar a un animal con el macabro fin de sustraerle las patas, colgarlas y esperar a que se sequen. Cuando lo veáis cortado en lonchas sobre una festiva bandeja, pensad que cada una de esas láminas formaba parte del rosado muslo de un desgraciado cerdo al que nadie ha preguntado qué le parece que el hombre lo haya privado de una vida digna y no veamos en él más que un suculento bocado, a pesar de que hay muchísimos más alimentos a los que hincarle el diente. La perversión radica precisamente ahí, en que el hombre, a pesar de no necesitar cebar y matar a un animal para alimentarse, se empeña de forma gratuita, sin ninguna necesidad y por puro placer, en hacer del animal una masacre despiadada a la par que rentable: chorizos, morcillas, chuletas, carrillada, costillas, ternasco, higadillos... y en cada casa un jamón, sinónimo de abundancia, bonanza, lujo, opulencia...

Señores, ¡el jamón es la gran falacia! Una mentira, un timo, un camelo que nos ha inoculado la industria cárnica a base de marketing y propaganda. A las pruebas me remito, cualquier alimento está más bueno que el jamón, incluso unas patatas fritas o el más humilde de los quesos. Pero no, preferimos decir majaderías como "el jamón es lo mejor que se come", cuando en realidad no es así. Sólo hay que ver los melosos y embaucadores anuncios televisivos, donde nos quieren vender incluso el jamón de york, que no es más que un puerco embutido hecho con lo peor de las sobras, como si fuese un producto sano y natural, ¡chúpate ésta!

Señores, existen incluso vegetarianos que comen jamón!!! Por no hablar de la gente amante de los animales, que exhiben una inusitada sensibilidad ante lo indigno y denigrante que es tenerlos en zoológicos o en circos y a continuación te montan una barbacoa más pronto que canta un gallo... A mí por mi condición de vegetariana, no hay reunión en que no me monten el debate, en el que nunca falta la alusión a nuestros orígenes paleolíticos, como si cualquier tiempo pasado fuese mejor... Pues vete tú a la Edad de Piedra, que yo me quedo en esta, ¿no te digo?

En fin, incongruencias que se pagan caro cada día con una sociedad ciega, a la deriva, irresponsable a la hora de consumir y alimentarse, cínica y complaciente, que prefiere mirar a otro lado por pereza, ignorancia o por pura obstinación, tres pecados capitales que embrutecen día a día nuestra CONSCIENCIA, saboteando nuestro avance y obstaculizando nuestro proceso evolutivo.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

DE NOCHE TODAS LAS FERRETERÍAS ESTÁN CERRADAS


Cara Delevingne, para mí el rostro más bello de la moda actual

Tania se sabía hermosa y no sólo porque se lo dijeran los espejos, sino porque era algo que comprobaba cada día y desde pequeña supo leer el deseo en los ojos de los hombres. Intuía que había caminos, lugares y situaciones que era preferible evitar y tenía claro que, de verse en una situación comprometida, todos la señalarían con el dedo acusador. Su cuerpo, irresistiblemente femenino, era la reencarnación del pecado, el blanco de las miradas codiciosas y de toda suerte de prejuicios. Tania nunca olvidaría la noche en que se cruzó con Paco, uno de los mejores amigos de su padre, en el portal. Éste le pidió que le acompañara a la ferretería a por unos tornillos que debía llevar luego a su padre. Fue subirse en el coche y plantarle la mano en la rodilla, reacción que le pilló por sorpresa. Nunca olvidaría la expresión de Paco, el entrañable amigo de papá que tantas veces le había traído chuches, cuando éste le levantó la falda sin cortarse un pelo… Tenía la mirada encendida, la boca entreabierta, el rostro transfigurado… Cuando quiso darse cuenta, estaban en un solitario escampado. Tania se aferró a la manilla de la puerta, pero los cierres estaban bloqueados. Presa del pánico, pensó en los malditos tornillos, en que se había pasado media hora frente al espejo haciéndose espigas en el pelo, en que llevaba su falda favorita y esa mañana en el cole había aprendido a hacer raíces cuadradas y David, el chico que le gustaba, le había cogido de la mano en el recreo. 

Tania enmudeció bajo los neones de un cartel publicitario que proyectaba sombras violáceas sobre sus pechos. Transida de miedo y de culpabilidad, reprimió las náuseas  y las ganas de llorar, cerrando los ojos hasta que éstos fueron dos nudos imposibles. Por primera vez se odiaba a sí misma, la chica que se contoneaba risueña y orgullosa frente a los espejos le parecía ahora estúpida, vulgar, ridícula... Un tipo infecto cuyos hijos podían tener la misma edad que ella, ejercía pleno poder sobre su cuerpo y sabía cómo profanarlo, al tiempo que daba tragos a una botella de whisky barato. Al dar por terminada la faena, la soltó como el que tira una muñeca y le dijo: "estabas deseando que te hiciera mujer, ¿eh?". Tania se hundió en su asiento y vio cómo sus sueños partían para siempre...

EL BELÉN

  —Abuela, ¿cuándo ponemos el Belén? —Hasta después de la Inmaculada no se pone, es la tradición. —¿Y eso qué es? —¿El qué? —Esa palabra que...