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viernes, 8 de marzo de 2024
MUJER CON SÍNTOMAS PREOCUPANTES
miércoles, 3 de enero de 2024
EL DÍA DESPUÉS
Se despertó de la siesta y se liberó de las garras de su sillón-relax. Una fuerza irracional le condujo hacia la nevera, que no solía fallarle en los momentos de bajón. Ésta atesoraba las sobras de la Noche Buena: la carrillada en salsa de su cuñada, los gambones, el queso curado cortado en triángulos, la sopa de mariscos, las toreras, los pepinillos, el jamón… Poseído por un instinto de supervivencia ancestral, hurgó en el compartimento inferior, donde solía guardar lo que no cabía en la parte de arriba y descubrió una bolsa, que no había sido abierta. Como el que abre un regalo de Papá Noel, rompió el plástico, ansioso por averiguar de qué manjar se trataba. Allí estaban los patés de la tía Inés, comprados en la sección Gourmet del Corte Inglés, cada uno en su frasco correspondiente. De pato, de boletus, de trufa, de perdiz roja… A continuación, buscó la bandeja más grande, dispuso varios platos hondos y los llenó con todo cuanto había sobrado de la cena, acompañándolo de su pan de nueces preferido y regañás de aceite de oliva, ideales para acompañar las viandas y los cremosos y exclusivos patés.
domingo, 31 de diciembre de 2023
QUE NOS ATROPELLE UN TREN
viernes, 14 de julio de 2023
SEGUIR ESCRIBIENDO
Voy a seguir escribiendo, porque el atardecer es más bello junto al calor de la tinta y porque, al cerrar los ojos, arden mil historias en mis dedos. Voy a seguir escribiendo, porque prefiero la intimidad de un cuaderno, al ruido de una fiesta tumultuosa y porque, en lo más profundo, la vida no toma forma, si no es con el torno imprevisible del grafito.
Voy a seguir escribiendo, porque la escritura es esa otra dimensión que me divide y multiplica cuando la mina se hunde en el fragor del folio. Voy a seguir escribiendo, aunque pierda autobuses, se me pasen las paradas y ese tiempo no lo dedique a otros quehaceres más rentables y lucrativos.
Voy a seguir escribiendo, porque no existen las casualidades, porque todo cuanto me digo a través de la pluma supera con creces todo cuanto pueda decir y me ayuda a comprender al otro, por muy alejado que se encuentre. Voy a seguir escribiendo, porque es la única forma de que el tiempo se detenga, que los pájaros canten y que vuelvan las oscuras golondrinas.
Voy a seguir escribiendo, porque cada vez que lo hago, mis pies dejan de tocar el suelo, el tiempo no existe y las palabras me invitan a saltar al vacío. Voy a seguir escribiendo, porque las metáforas me conectan con el mundo, dibujando lianas invisibles y porque es la mejor manera de hacer frente a la imparable bola de nieve que es mi vida.
Voy a seguir escribiendo, cuando la escarcha de los años inmovilice mis dedos, ya no sea dueña de mi cuerpo y cuando me convierta en polvareda del camino. Entonces, lo haré con ayuda de los ángeles, desde cualquier rincón del universo.
miércoles, 8 de marzo de 2023
EL DÍA QUE NO FUI A CLASE
El día que no fui a clase, se armó la marimorena,
me tocó fregar los platos; después, preparar la cena.
Aquel día en que falté, decidí no creer en mí,
amparándome en “amigas” que apoyaban mi desliz.
El día que no fui a clase, puse la tele muy alta,
me di una ducha muy fría y dormí sin poner la alarma.
Aquel día en que falté, estrenaban una serie que no me quería perder:
la vida de otra persona, el sueño de otra mujer.
El día que no fui a clase, alguien decidió por mí
lo que tenía que comer, cómo tenía que vestir…
Aquel día en que falté, cambié mi primer trabajo
por uno de 12 horas seguidas y sin descanso.
El día que no fui a clase, me endosaron los cuidados,
primero vino el abuelo, el suegro, el tío Genaro…
Aquel día en que falté, empecé a estar mal pagada
y a desear la propina de quien de mí se apiadaba.
El día que no fui a clase, perdí sin saber el tren,
ese que tanto corría:
el tren de la libertad y el de la sabiduría.
Aquel día en que falté, aprendí a chapurrear,
a mentir en el currículum y a decir “je ne sais pas”.
El día que no fui a clase, alguien me pagó la cena,
me pidieron matrimonio y me preñé a la primera.
Aquel día en que falté, las páginas de mis libros se mancharon de azafrán,
más tarde, de lamparones de papilla y de Prozac.
El día que no fui a clase, aprendí a desaprender
lo que pude haber sabido y jamás nunca sabré.
Aquel día en que falté,
empecé a sentir envidia de mis otros compañeros;
puede que ellos consigan llegar donde yo no puedo.
domingo, 22 de enero de 2023
14 DE FEBRERO
Ayer me regalaron rosas y me llevaron a cenar a la luz de las velas. Los niños se quedaron con mi madre, no sin antes prometerme que harían todos los deberes, que se cepillarían los dientes y se acostarían temprano. El camarero me llamó "señora", llenó mi copa y retiró mi plato. Luego me obsequió con una interminable lista de postres, retiró mi silla y me dejó pasar primero.
Cuando llegué a casa, la lavadora había terminado y en el lavadero se agolpaban los platos sucios del almuerzo y el desayuno. Al meterme en la cama, el dolor y el cansancio se apoderaron de mi cuerpo. Al día siguiente, me esperaba otra doble jornada.
jueves, 1 de diciembre de 2022
DESAPARECIDOS
La primera vez que sucedió fue en un céntrico obrador de una pequeña localidad de Indiana. Una de las empleadas entró en el almacén en busca de un saco de harina de centeno. Ni el saco, ni ella regresaron. El segundo caso tuvo lugar en el otro extremo del mundo, en una lavandería. El dueño había salido a echar un pitillo, momento que aprovechó para poner el centrifugado manual. Al no regresar, la resistencia de las lavadoras terminó achicharrando la colada y un olorcillo a chamusquina inundó la acera. Ambos sucesos no tardaron en copar los titulares de los informativos locales, donde familiares descompuestos lanzaban mensajes de ayuda a la población, así como suplicantes misivas a los hipotéticos raptores. En tan solo una semana, los informativos de medio mundo ya abrían con la desaparición diaria de cientos y miles de personas.
Se sabía muy poco o nada acerca del origen de las atomizaciones, que es como pasaron a llamarse las desapariciones espontáneas, después de que organismos internacionales como la ONU emitieran un insuficiente y lacónico informe, instando a los países a unir fuerzas, la única manera, si es que la había, de averiguar el motivo de las incesantes desintegraciones. La noche era el escenario, pues durante el día no se había registrado ninguna desaparición. La edad y el sexo no computaban, como tampoco la latitud, el hemisferio, el hecho de encontrarse en plena calle o en el interior de una vivienda. La atomización podía suceder en la cola de un cine, en el aseo de un restaurante o en la sala de estar de casa. Tan variopinto podía ser el escenario, que incluso había desapariciones en televisión, en pleno directo. Bastaba que el presentador se ausentase al camerino, al pasar a publicidad, para que a la vuelta, la emisión se cancelara sin motivo alguno o éste fuese reemplazado por otro. La segunda condición era más que evidente, y es que no existía en el mundo ni una sola persona que reconociese haber presenciado dicho acontecimiento. Las volatilizaciones sucedían siempre a escondidas del ojo humano, lo que hacía el asunto aún más desconcertante.
Este hecho pronto caló en la consciencia colectiva. Así, cualquier persona, desde el momento que perdía de vista a un ser querido, debía enfrentarse al riesgo, altamente probable, de perderlo para siempre. Bastaba un simple pestañeo o trasladarse a otra habitación. Lo que llevó a las personas a vivir en un estado de atención y de vigilancia permanente. Parques, colegios y guarderías contaban con desapariciones un día sí y otro también. Los padres se negaban a separarse de sus hijos y establecían turnos para dormir. Bastaba un leve descuido, para que la nada tomase el lugar del lecho de una cunita o el hueco cálido de un confortable moisés. Era como para volverse loco. Los enamorados vivían un drama indecible, protagonizando lacrimógenas despedidas en plena calle. Los niveles de estrés se dispararon, así como el consumo de bebidas con cafeína y todo tipo de excitantes. Nadie quería dormir, estaba en juego la vida.
Los más ávidos pronto encontraron la forma de rentabilizar la dramática y desconcertante situación y, haciendo gala de un oportunismo procaz, se crearon las empresas de ‘vigilancia intensiva’, con personal especializado en velar por los intereses de los seres queridos. Con eslóganes como “nosotros estamos despiertos por ti”, pronto se hicieron imprescindibles y no había familia que no contara con los servicios de una de estas empresas. A pesar de los esfuerzos constantes, las volatilizaciones se sucedían sin interrupción y el mundo menguaba en población.
Los años pasaron, (…) sin que los científicos encontrasen la forma de detener las desapariciones; tampoco sabían decir a donde iban a parar los desaparecidos. Y cuando el mundo se había acostumbrado a la nueva normalidad y a vivir en el presente como si fuese lo único seguro que tenían, las atomizaciones cesaron.
EL BELÉN
—Abuela, ¿cuándo ponemos el Belén? —Hasta después de la Inmaculada no se pone, es la tradición. —¿Y eso qué es? —¿El qué? —Esa palabra que...
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La realidad es atravesada cada día por un tren de indiferencia y una cascada incesante de anuncios publicitarios. La realidad ya no es ...
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Sangro porque nací con ovarios por agallas, porque no puedo hacer otra cosa y porque a menudo estoy que me caigo y, aun así, me pongo a freg...
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Dedico este discurso a mis alumnos y alumnas de 4ºESO del IES Río Aguas —¡Cuánto tiempo! Parece que fue ayer cuando nos graduamos. Mira, m...





