Hay algo sigilosamente hermoso
en las calles vacías, los negocios cerrados,
los parques sin niños, las avenidas trémulas.
Una voz de niña acaricia las aceras,
ondea las cortinas, sacude las ventanas.
Un quejido antiguo, telúrico, de madre,
una fuente lejana y una lira de hiedra
arrulla el recuerdo y se asoma a las terrazas.
Las palomas nos miran, conocen nuestros miedos
y dejan con sus alas mensajes en el viento,
esperando confiadas el día en que volemos
como ellas, en bandada, por el azul eterno.
como ellas, en bandada, por el azul eterno.
Un aplauso de lluvia hace estallar la tarde,
un barco de esperanza cruza nuestra consciencia
que reza en el idioma tardío de las aves
que reza en el idioma tardío de las aves
de una religión nueva que intuye la respuesta.
Se sienta a nuestro lado, nos mira.
Ponte cómoda. El viaje ya comienza.
Ponte cómoda. El viaje ya comienza.

Bonita forma de describir el confinamiento, a mi tambien me inspira y con tu pluma se hace mas llevadero. Gracias
ResponderEliminarSiempre me encantan tus palabras.
ResponderEliminarEs buenísimo, Susana. Me he emocionado al leerlo 💜😍👏👏
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