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sábado, 24 de octubre de 2020

ANÓNIMA

Cuando Alfonsina nació, la mancha ya estaba allí, sobre su frente. La matrona pensó que era la huella de la amantis religiosa. De contorno difuminado, tomaba la forma de una ameba, y otras, trataba desesperadamente de dibujar las garras de un ave que no es de este mundo. Su madre, al recibirla en brazos, emitió un quejido contenido, y a continuación, no dudó en acunar a su retoño, que parecía decirle al mundo “estoy aquí”. 
 

En el colegio, el ave desconocida tomaba la forma de serpiente al acecho del mínimo gesto que le confiriera identidad, presencia. La mancha crecía al mismo tiempo que su cuerpo, a lo ancho y a lo largo, dejando claro que había venido para conquistar hasta el último centímetro de su piel. De adolescente, Alfonsina ya sabía que su sino estaba condicionado por aquel angioma descomunal y grotesco y, por miedo al rechazo, desarrolló una conducta huraña y retraída. 

 

Hoy Alfonsina vive al final de una calle con su nombre y todas las ventanas de su apartamento dan al mar, donde acude cada día a calmar la sed de su angustia. Sobre la mesa camilla reposa una máquina de escribir, su única relación conocida. El chico de la editorial y su cuidadora son las únicas personas que han franqueado su puerta. Éstos aseguran que allí no vive nadie.

 

En cada librería hay un asiento libre en su honor, sus libros copan las estanterías de las bibliotecas de medio mundo y las olas del mar dejan cada día botellas de cristal con poemas en su nombre.

sábado, 19 de septiembre de 2020

EL RELOJ DE SAMANTHA

 

Samantha no sabía que dentro de 24 horas se olvidaría de lo sucedido. Su repentina enfermedad volvía locos a los médicos. Con tan sólo 31 años, su agenda se había llenado de citas y notas inconexas, descuidos, lapsus, lagunas. Aquella mañana, frente al médico, una terrible palabra trocó en mármol la imagen en movimiento de su vida. Ésta iría acompañada de un adjetivo paralizador: “degenerativo”. Nadie está preparado para encajar este tipo de cosas, pero a veces la vida te proporciona la dosis justa de dolor y de placebo, y tiempo para desenterrar el hacha de la resignación. Samantha se acababa de sacar la carrera y estaba deseando encontrar un trabajo, ganar su propio sueldo, viajar e irse a vivir con Juan, el chico que desde hacía un año dibujaba una sonrisa de niña traviesa en su rostro. 

 

Pero la memoria, ese reloj silencioso que habita en alguna parte de nuestro cerebro y al que nos asimos en nuestro paso por la vida, le tenía preparada una emboscada. Hay relojes rebeldes, que se amotinan, que se rebelan, el de Samantha simplemente se batía en retirada, había dejado de oír el eco que nos devuelve lo vivido. Comenzó a coger el metro de forma compulsiva, a comprar artículos que no necesitaba, a tomarse más cafés de la cuenta, a visitar una y otra vez la misma exposición de pintura o de fotografía, a extasiarse frente a las mismas obras de arte y a hacerse las mismas preguntas. A veces se sorprendía a sí misma en lugares insólitos o sorprendentes, calles cuyos establecimientos, parques y plazas la hacían sentirse extranjera. Cada noche se iba a la cama con la impresión de haber vivido una gran cantidad de nuevas experiencias y de haber conocido personas y lugares diferentes. Hasta que llegó el día en que empezó a ver un punto negro en la frente de la gente, un punto que se hacía cada vez más grande y que le decía que algo no iba bien. Empezaron a darle pavor las personas que la trataban como si la conociesen de toda la vida.

 

El no retener las experiencias le hacía vivir cada minuto como el primero de su vida, lo que le confería una vitalidad infantil que la hacía conducirse de manera atolondrada. En su bolsillo siempre terminaba encontrando un trozo de papel doblado con unos datos, junto a un número de teléfono, y un muchacho solía acudir a su encuentro. Éste la abordaba nervioso y con cualquier excusa, trataba de ganarse su confianza. De vez en cuando, le contaba la historia de una chica que había conocido, la cual tenía una enfermedad extraña que le hacía olvidar cada día lo vivido. Pronto el mundo se le quedó demasiado grande y su familia no tuvo más remedio que buscarle un lugar para vivir donde estuviese vigilada y atendida las veinticuatro horas. Samantha, de vez en cuando se negaba a hacer lo que le decían, pero el olvido diario le hacía imposible albergar rencor o remordimiento. Las buenas experiencias tampoco se acumulaban, por lo que se veía condenada a vivir eternamente en el presente.

 

Hasta que una mañana, un prolongado beso la despertó. Al abrir los ojos, un hombre de rostro desconocido la miraba con ternura y la cara inundada de lágrimas. Samantha cerró sus ojos para siempre, entrando en un coma profundo. 

Juan nunca la podría olvidar.


domingo, 9 de agosto de 2020

COSAS QUE SE DICEN CON UN GIN TONIC II

Cipri, que se nos va el Rey!!! Que España se va a la mierda, que nos van a invadir los independentistas, los inmigrantes, los vagos y maleantes, los maricones, las lesbianas, los negros y las feministas. No es justo, ya nadie se acuerda de lo que hizo durante la transición, un hombre tan íntegro, que lleva España en la sangre. Toda la culpa la tiene la rubia, la alemana esa, la Corinna. Él, de lo único que es culpable es de enamorarse como un niño de una elementa, que ahora lo ha traicionado por despecho. Menuda pájara, ¿cómo puede valer la palabra de cualquier mujerzuela más que la de un Rey? ¿Qué se puede esperar de una mujer, Cipri? Si es que no traen na bueno. Lo ha engatusado, le ha sacado todo lo que ha querido y después de tenerla en palmitas, como a una reina, va y lo traiciona. Es que esto no se puede aguantar, Cipri, ¿hasta dónde vamos a llegar?  


Y ahora, pues no van y se escandalizan porque la familia Real de España es una de las más ricas del mundo. Normal, ¡para eso son reyes, coño! Si ellos no tienen, ¿quién va a tener, el muerto de hambre de mi vecino? Que si poseen propiedades por todo el mundo, yates, palacios, mansiones… pues claro, para eso son reyes, es normal que reciban regalos, donaciones y comisiones millonarias. Si es lo que yo digo, Cipri, España no está preparada para un Rey como el que tenemos. ¡Qué campechanía, qué manera de señorear y de llevar el nombre de España por el mundo! ¡Y qué tiempos aquellos en los que Don Juan Carlos surcaba los mares a bordo de El Bribón! ¡Qué clase, qué saber estar! Dime qué país tiene un rey como el nuestro, regatista, cazador, buen seductor, buen comedor, con una amante en cada puerto. ¡Coño, español, como dios manda! Y el pedazo de familia que ha apañao el gachó, otra cosa no será, pero la descendencia la tiene asegurada. Venga niños y venga nietos. Como buen machote, coño!!! Y a bien que le han salido feos, todos altos, rubios y con los ojos azules, como tiene que ser. La juventud de ahora no tiene ni idea de lo que ha hecho nuestro monarca, este país se ha llenado de izquierdosos que no hacen más que criticar a nuestra Familia Real. ¿Y lo que liaron con el yerno?, que no pararon hasta verlo entre barrotes. A Urdangarín le sacaron lo que no está escrito, que si tenía empresas pantalla, que si tenía negocios fraudulentos, que si cobraba retribuciones por ser miembro de la Familia Real, que si la trama de los prostíbulos… Qué manera de sacarle mierda al muchacho, yo no sé lo que les ha quedado por inventar. 


¿Tú sabes lo que pasa, Cipri?, que en este país hay mucho muerto de hambre, eso es lo que pasa, y los izquierdosos están deseando que pase cualquier cosa para quitar la monarquía de en medio y repartirse ellos el dinero, los palacios y las propiedades. No hay más que ver al coleta, ¿desde cuándo un político de izquierdas, greñudo como es el Pablo Iglesias ese, se puede permitir un casoplón con piscina, Cipri?  Esto es el mundo al revés, Cipri. A dónde vamos a llegar… Un Rey como Don Juan Carlos, con sangre azul, tan emérito, tan gallardo, que se viste por los pies, en el disparadero por culpa de una fulana. Una institución como la monarquía a los pies de los caballos, dando explicaciones de lo que gana, de lo que tiene, de lo que hace con el dinero, y un tipo como el coleta, de Vicepresidente. Pero yo te digo una cosa, Cipri, como desaparezca la monarquía, me voy del país. 

 

Cucha, yo me apuesto lo que sea a que la nuera ha metido mano para que se sepa todo. A mí la Letizia esa nunca me gustó un pelo. Desde aquel día en que mandó callar al príncipe, yo supe que no traería na bueno. Sin sangre azul, divorciada, con un abuelo taxista… y encima con estudios. Ahí tenéis a la sabionda, es tan lista que se os ha subido a la chepa. Si es que la mujeres son una cosa mala, una ruina. Eso sí, otra cosa es la Reina Sofía, ¿qué me dices de la Reina, Cipri? ¡Qué saber estar! ¡Qué discreción! ¡Y qué tragaderas! Ya no hay mujeres así, que aguanten todo. Reina, madre y esposa. Una mujer de su casa, de sus hijos, de sus nietos. En un segundo plano, siempre un paso por detrás, para no quitarle protagonismo a su esposo, como tiene que ser. ¿Tú has escuchado alguna vez hablar a la Reina, Cipri? ¿A que no? La que sí que habla es la nuera, la periodista. Ésta habla más que el marido. ¿Tú no te has dado cuenta, Cipri? Si lo tiene atontolao. ¿No has visto cómo va? Lo lleva como una marioneta. 


Cucha, Cipri, ¿qué te pasa?, que te has quedao traspuesto, estás como embalsamao. Ya sé que hace mucha calor, pero todo el rato ahí empatarrao, en la misma postura, te van a salir geranios en los huevos. Trae pacá el gin tonic, Cipri. Cipriiiiiiii !!!!!

 

viernes, 31 de julio de 2020

DIECIOCHO LUNAS DE ALBA


Naciste un día como hoy, desnuda, imponente. 
Colmando el aire de besos, de abrazos invisibles. 
Todos queríamos acunarte y tú reinabas grandiosa, 
regalando al mundo tu danza irresistible. 
No hizo falta oír tu llanto, para entender tu mensaje 
de amor, de gozo, de lluvia. Cambiaste tantas cosas, 
que luego vinieron de golpe, sin freno, a borbotones.
Tu pertinaz cansancio, justo antes de dormirte, 
tu baile, tus vaivenes, mecidas y achuchones. 
Tu condición inquieta, volátil e irascible
gritaba al mundo lo hermosa y sensible que eras. 
Llenabas los silencios con ruidos intangibles,
vaciabas los armarios, los cuadros, los altares. 
Recuerdo tus pestañas ruidosas, colosales, 
tu carne nacarada, tus bucles de sirena,
de emperatriz invicta, besada por el rayo. 
Los años afinaron tu cola de ballena
y hoy cumples dieciocho, creciste como un sueño.
Caminas de puntillas por calas tumultuosas,
por lunas tan enormes, por mundos tan pequeños.

sábado, 25 de julio de 2020

QUIENES NOS CUIDAN


https://www.facebook.com/aeccmalaga. 
Me gustaría dedicar esta entrada a los sanitarios y en especial, la labor que, en tiempos de cuarentena, realizan los trabajadores de la AECC (Asociación Española contra el Cáncer). A su trabajo diario con los pacientes, se suma su labor didáctica e informativa a través de vídeos, que por medio de plataformas como Facebook o Wasap, hacen llegar a sus pacientes y a todo aquel que lo necesita. Yo misma he tenido el privilegio de ser atendida personalmente por profesionales de esta Asociación como María Narváez, fisioterapeuta del Taller de prevención del linfedema.

Lo que hacen tiene un valor incalculable, ya que no abundan los especialistas con este nivel de preparación y experiencia, mientras que sí somos muchos y muchas los que necesitamos información de primera mano acerca de una patología como es el cáncer (en todas sus variantes y estadíos), máxime cuando las novedades y los avances en investigación no dejan de producirse. Una enfermedad de la que se habla demasiado y no siempre de forma adecuada, precisa o correcta, y en un momento en que la desinformación, los bulos y las noticias falsas campan a sus anchas. Un ejemplo son las redes sociales, que abrigan a charlatanes, curanderos y pseudo expertos de toda suerte y condición. 

Por eso, hoy más que nunca, debemos valorar la labor de los profesionales de la salud, que son quienes no hacen otra que dedicarse día a día a su trabajo y atender a sus pacientes, llevando a cabo una labor concienzuda de seguimiento e investigación. Quizá os sorprendería saber que muchos de ellos ni siquiera están al día en asuntos de política, y seguro que más de uno ni siquiera sabe a quién votar cuando llegan unas elecciones. Ni falta que les hace. Estas personas viven volcadas en sus pacientes, ofreciéndoles los mejores recursos y soluciones. 

Sin embargo, ¿tenemos la sanidad que nos merecemos?
Para empezar, es la política la que no está a la altura de la Sanidad y los cuidados, un sector altamente invisibilizado (16 millones de personas trabajan 8 horas al día gratis). La mejor jornada laboral de un político no  se puede comparar con la de un trabajador/a cualquiera del ámbito de la salud. Poner una inyección, establecer un diagnóstico o lavar y cambiar la cama a un paciente es mucho más importante que lo que hacen muchos de nuestros políticos. No olvidemos que durante esta luctuosa pandemia, mientras los muertos se contaban por cientos cada día y permanecíamos confinados, una parte de la clase política se ha dedicado a hacer campaña, siendo incapaces de coordinarse y tender puentes para sacarnos del atolladero. 

Los sanitarios se enfrentan cada día a una labor titánica y extenuante, debido al colapso que vive nuestro sistema de salud, que hace que la agenda diaria de estos profesionales esté siempre hasta arriba, viéndose cada día obligados a hacer malabares para dar cabida y atender debidamente a sus pacientes, lo que aun así, no les impide proporcionar, en la mayoría de los casos, un trato personalizado, detallado y correcto, al tiempo que cumplen con los protocolos de turno, viéndose forzados a establecer criterios de prioridad. Este último punto, aunque implícito en la labor  misma del sanitario, puede llegar a ser altamente frustrante, cuando la lista de pacientes es interminable y las unidades de UCI, un número limitado de camas.

A menudo damos por sentado el sistema sanitario que tenemos, porque no conocemos otra cosa y porque estamos acostumbrados a llegar y topar, a entrar por la puerta de Urgencias y que nos tomen nota, a pedir cita para una consulta o para el especialista, a que nos receten cualquier medicamento que necesitamos, etc. Desde que tengo uso de razón, nos quejamos de las listas de espera y de la falta de camas. Sí, nuestro sistema sanitario está colapsado y lo va a seguir estando, porque para que no lo estuviese, tendríamos que cambiar muchas cosas, empezando por nosotros mismos. No nos engañemos, contratar a personal y hacer hospitales es caro, nuestro sistema sanitario es costoso. Señores, lo bueno es caro, hay que pagarlo y lo hacemos con nuestros impuestos. Nos acercamos al meollo del asunto, y es que el dinero ensucia y pervierte todo cuanto toca. Éste hace que el mundo gire, como decía Liza Minelli, pero los cuidados no pueden depender de la ganancia, el beneficio y la rentabilidad. Es decir, no podemos tratar al sector como a cualquier otro de ámbito comercial, sujeto a la oferta y la demanda o al libre mercado, porque NO ES LO MISMO VENDER MELONES, QUE SALVAR VIDAS. Cuando un sector como el sanitario se capitaliza, corre el riesgo de deshumanizarse, y éste y la educación deberían ser intocables, establecerse unos mínimos innegociables, inmunes a los altibajos y las crisis. Es más, es la economía la que tendría que estar al servicio de lo humano. A la vista está el desastroso resultado de la privatización y los recortes que se ha traducido en masificación y el 76% del personal sanitario contagiado y desbordado. 

Pero los pacientes también jugamos nuestra parte, también tenemos una responsabilidad, puesto que somos el otro cincuenta por ciento del engranaje. Puede que seamos nosotros los que a menudo, no estamos a la altura y hacemos mal uso de un Estado del bienestar que es referente mundial. Yo misma me he criado viendo en la puerta de los ambulatorios todos los días una cola de viejecitos que iban al médico para "echar la mañana". Y qué me decís del desprecio que muchos demuestran hacia la comida de los hospitales, los enseres y la ropa de cama de los propios hospitales. A mí me indigna y avergüenza la actitud de mucha gente, cómo se dirigen al al sanitario o al administrativo de turno. 

No sabemos lo que tenemos porque no nos hemos dado un paseo fuera de nuestras fronteras. Nuestro sistema de salud es un lujo, un modelo de progreso, de armonía y de solidaridad, y un ejemplo para muchos países, entre los que se encuentran poderosas potencias como EEUU, donde tan sólo los acaudalados pueden permitirse un seguro médico con una cobertura similar a la que tiene nuestro sistema de salud pública.

No nos olvidemos de marzo y abril. Nuestros sanitarios lograron revertir aquella curva terrible y siguen haciéndolo, nunca descansan, están cuando los necesitamos, son el sostén de nuestra sociedad, lo mejor que tenemos. Es hora de pasar del 'qué pueden hacer los demás por mí' al 'qué puedo hacer yo por los demás'. Seamos pacientes, amables, colaborativos. Puesto que el sistema sanitario también lo constituimos nosotros, hagamos buen uso de él. No ganamos nada con ir exigiendo, no lo paguemos con el personal, ellos demasiado tienen con lo que tienen.

Estemos a la altura, seamos agradecidos, vayamos siempre con una sonrisa y pensando en qué podemos aportar, cómo podemos facilitarles su labor o qué podemos hacer para molestar menos y aportar más. Nuestro sistema de salud es una orquesta maravillosa, un hermoso engranaje del que todos formamos parte. Hagamos de buen lubricante, cuidémoslo, mimémoslo, depende también de nosotros que funcione correctamente. 

Una vez hecha nuestra parte, quejémonos y exijamos a nuestros gobiernos  una economía de los cuidados a la altura de lo que la sanidad se merece, pues significaría que ya estaríamos preparados para vivir en un mundo con más consciencia y más humano.

viernes, 10 de julio de 2020

CAMBIANDO DE TERCIO


Toda la vida dando ejemplo de decoro, de pareja modélica, de saber estar. Un tándem familiar perfecto, un binomio de élite, castizo y acaudalado, que nos ha permitido ver a la tauromaquia codearse con las más altas esferas y compartir mantel, alfombra roja y corrida con acomodadas fortunas de distintos ámbitos: cultural, político, artístico, deportivo, empresarial, etc.

Él, torero purista (para los no entendidos, de los que no se arriman, vamos), sobrio, elegante, como su porte, su compostura, su cabellera engominada y, cuando no, tocada con una campestre boina (pero de Pedro Del Hierro, oiga). Ella, queda, discreta, una esfinge angelical. Devota, abnegada, siempre un paso por detrás y en un segundo plano, de no ser por su belleza clásica, refinada, la Rania de Jordania andaluza, la Preysler del mundo del toro, con su mirada seráfica y desangelada, que no logran ocultar las varias capas de maquillaje, siempre un tono o dos más claro que su piel. Presencia esperadísima en bodas. De bautizo en comunión y tiro porque me toca. Loada en mentideros, gacetas sociales, salones de peluquería. Depositaria de honrosos comentarios, como el discreto y no menos lamioso de algún periodista radiofónico: "boda de alto copete y ramillete de mujeres hermosas, donde la señora de Ponce destacó una vez más por su elegancia".

Tacón de raso, pamela y tafetán es el único uniforme que se le conoce. Siempre impecable, apropiada, correcta.  En casa, la perfecta anfitriona, en las fiestas, la perfecta invitada. No le costó demasiado -o quizá sí- reencarnar el papel de su vida (con permiso del de madre, claro): esposa de torero, imitado terriblemente por María José Campanario y otras susodichas. Cuántas veces habremos oído la frase: "su esposa, Paloma Cuevas, no se ha apartado de su lado", acompañada de un "los toreros están hechos de otra pasta" -a Anne Igartiburu se le ha debido caer un santón de su mesita-. ¡Ay! Y es que hasta para separarse siempre ha habido clases, o al menos se intenta. Porque ahora resulta que se divorcian y parece ser que ya llevaban dos años "haciendo vidas separadas" (qué bonita expresión). Vamos, aparentando que estaban juntos sin estarlo o guardando las apariencias, según se mire (otra frase impagable). Vamos, que el matador se ha puesto el pito por montera y se ha liado con una jovencita.

Motivo por el cual tenemos al diestro -que vergüenza torera tiene un rato, puesto que es torero- por las televisiones desgañitándose y aclarando que "no ha habido terceras personas" (otra frase bonita, mira por donde), como si con eso pudiese borrar el hecho de que se ha liado con una cría de 20 años, que resulta ser una aficionada al toro, tiene un caballo que se llama 'Torero' y un Instagram repleto de posados, a través del cual seguía a Ponce y a otros matadores. Vamos, una seguidora que podría ser su hija (otra frase bonita). Pues bien, tras este patético intento de salvar la honra, el diestro ha asegurado que está muy ilusionado y que la relación va en serio. Pero sobre todo, dejar claro que "no ha habido terceras personas". Eso es de gente bajuna, oiga.

En fin, tanto desvelo, tantas velas a San Timoteo, tantas cenas, tanto maquillaje, tanto tafetán… para un escarnio social tan zafio y bochornoso.

Menos mal que siempre nos quedarán Alaska y Mario.

domingo, 28 de junio de 2020

CUANDO NOS CRECEN LOS ENANOS

Tenemos un partido de ultraderecha con 52 escaños en el Congreso y la mitad de los españoles pidiendo que la ex de un torero se presente a presidenta de la nación. ¿En qué nos hemos equivocado?
Hemos sido condescendientes con ellos, les hemos dado pábulo, importancia, les hemos puesto un púlpito, sillas en los programas, voz en los debates, les hemos pasado el micrófono, hemos reído sus gracias, hemos hecho un formidable esfuerzo por ver donde no había, alabar lo que no tiene mérito y dar mérito a lo que en realidad es banal, zafio y chabacano. Hemos alimentado al monstruo, le hemos dado de comer cada día, permitiendo que crezca fuerte, ufano, vigoroso. En un alarde de tolerancia sin precedentes, amparándonos en la pluralidad y en la libertad de expresión, hemos alabado y reído sus ocurrencias, sus meteduras de pata, sus salidas de tono, sus equivocaciones.

Ahora los monstruos han crecido, quieren más, exigen más, reclaman lo suyo, lo que le hemos hecho creer que se merecen. Se enfadan, se cabrean, se indignan, se ponen de morros por cualquier cosa y como un basilisco cuando se les lleva la contraria.

¿De qué nos quejamos ahora?

Si se creen lo que no son y se nos suben a la chepa, será porque los hemos aupado nosotros, poniéndolos a nuestro mismo nivel y considerando que su palabra era tan digna y válida como la de cualquiera. Hemos sentado al sapo en la mesa de los príncipes. Hemos sido tan plurales y tan liberales, que en medio de un noticiero -en un alarde de inclusión sin parangón- le hemos dado voz a un torero para que opine de una pandemia y al día siguiente -sin cortarnos un pelo- a Serrat. ¡Olé tus huevos!, que diría el primero. No se puede ser más plural, oiga.

Pero como la ignorancia es borricuda, osada y en el fondo lo que hay es lo que hay: un sapo, llega el día en que, furibundos e hinchados de razón y de indignación, nos exigen que los exhibamos en las mejores alfombras rojas, en los premios Nobel y en la pasarela de Victoria Secret -porque yo lo valgo, oiga-. Es como cuando tus padres te dicen "campeón", vas tú y te lo crees y por ello exiges el mismo reconocimiento y sueldo que Nadal. Sí, el ejemplo será de risa, pero la realidad es para llorar.

Ahora compruebo con amargo estupor cómo algunos profesionales del medio se están dando cuenta de que cometieron un gran error dando cabida en sus programas a individuos que han resultado ser (aunque ya lo eran desde un principio) energúmenos con ideas antiéticas: racistas, xenófobos, homófobos, machistas, misóginos. Estos personajes han estado adoctrinando a nuestros propios hijos desde los platós, desde las conexiones en directo y desde los debates televisivos. Sí, aquí resulta que hay un horario infantil en el que hay que cuidar el vocabulario, el tono y el contenido, pero en cambio, podemos encontrarnos, a cualquier hora, a uno de estos impresentables con un discurso de odio -retrógrado en el mejor de los casos-, soltando borricadas, faltando a la verdad, injuriando y propagando bulos con todo descaro y cinismo.

Algunos como Jorge Javier Vázquez empiezan a darse cuenta del error, pero ya es demasiado tarde. Su discurso fundamentalista ha calado hondo y sigue calando en el poroso entramado social de nuestro país. Sólo tenemos que mirar a E.E.U.U., si a ellos les ha sucedido (tener un sapo como presidente), también puede sucedernos a nosotros. Sienta a un sapo a tu mesa, hazle creer que no es un sapo, que es un gallardo faisán, y terminará creyéndoselo. Pero lo peor no es eso, lo peor es que muchos de los que hay sentados a esa mesa también lo creerán.

EL BELÉN

  —Abuela, ¿cuándo ponemos el Belén? —Hasta después de la Inmaculada no se pone, es la tradición. —¿Y eso qué es? —¿El qué? —Esa palabra que...